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dimarts, 26 de juliol del 2011

La rebellion française

Joan Tafalla

Nota de lectura

Jean NICOLAS, La rébellion française. Mouvements populaires et conscience sociale.1661-1789, Paris, Gallimard/Folio histoire, 2008. Primera edición en Éditions du Seuil, 20021076 páginas

« Todas las cosas son engendradas por la discordia »

Heráclito, Fragmentos

La frase de Heráclito puesta por Jean NICOLAS como exergo de su obra adquiere todo su significado en el transcurso del viaje iniciático que su supone la lectura de las 847 páginas de texto[1] de esta suma de los movimientos populares en el Ancien régime francés ente 1661 y 1789. El lector se encuentra ante un ingente trabajo de recuperación y de rescate de experiencias de vida de aquellos que no escriben memorias ni documentos realizado por un historiador de oficio al que le gusta definirse como autor-ciudadano. Lo que ya en sí es todo un programa intelectual y moral.

La rébellion française es el resultado de una amplísima encuesta que ha durado 20 veinte años. El arco cronológico escogido para esta encuesta abarca desde la post-Fronda hasta el mes de abril de 1789. Jean NICOLAS considera que tras esa fecha empieza propiamente la Revolución Francesa y el incremento de la movilización popular durante la revolución ha producido un cambio de calidad, una ruptura en las formas de conciencia, por eso cierra su arco cronológico en este período. El territorio elegido para la encuesta es el todo el hexágono francés.

La encuesta de NICOLAS se inscribe en la perspectiva de la longue durée: 128 años de rebeliones populares contra (entre otras muchas cosas):

§ la señoría feudal (tanto la tradicional como la que era producto de la reacción feudal): defensa de los bienes comunales, contra las rentas feudales y las banalidades, por el derecho a la caza y la pesca, contra los signos del orgullo del señor y de la humillación de las gens de rien...

§ la fiscalidad injusta (producto de la exención de los privilegiados, y de la carga del mantenimiento del estado a los desposeídos en base a los impuestos indirectos): el contrabando, las luchas contra la taille, contra las aides…

§ la usurpación de la tierra, ( de los bienes comunales, por ejemplo).

§ por el derecho a la existencia ( motines contra la carestía, por la tasación de los cereales)

§ los conflictos del mundo del trabajo (negados por la historiografía de tradición kautskyana): las bacchanales (huelgas) de los jornaleros en tiempo de cosecha o de los compagnons contra los maîtres en la ciudad, las reyertas entre gavots y dévorants…

§ el poder absolutista: los raptos de niños, los abusos de la policía, los enrolamientos forzados para las guerras, o para la marina y ultramar, las deserciones, los amotinamientos de soldados…

§ La intolerancia y la represión en el espacio de lo sagrado: la resistencia popular contra la iglesia jerárquica, las luchas por la tolerancia religiosa, la revuelta camisarde, las revueltas jansenistas…

El largo plazo elegido por NICOLAS en su encuesta no contradice, a mi modo de ver, la importancia de la courte durée, de la coyuntura revolucionaria 1789-1799 que rompió el Ancien Régime que abrió en pocos y ardientes años el paso hacia un nuevo mundo. Lo que hace, en definitiva es colocarla en un marco más amplio y proporcionar elementos útiles para esclarecer el misterio de la revolución, o lo que es lo mismo: por qué motivos los de abajo ya no podían sobrevivir constreñidos en las viejas formas y los de arriba ya no podían mantener su poder (o hegemonía: consenso más coerción) en la forma en que lo habían hecho durante siglos. La tormenta perfecta no se formó en cuatro días. Para esclarecer sus motivos necesitamos una mirada de largo alcance: la longue durée (la rébellion française) nos explica más y mejor la curte durée ( la révolution française). Este es el enfoque de esta suma que convoca a los irreductibles de una la larga, difusa, capilar, molecular rebelión que afecta a millares y millares de gentes a través de los tiempos, a formar un cuadro de conjunto.

El fenómeno que marcará estos 128 años será, para NICOLAS, la permanencia del rechazo. Una permanencia que, de todos modos, hay que colocar en su dimensión real: “Ciertamente, los humildes no vivían continuamente en el antagonismo. Una radiografía de la opinión popular debe incluir también la otra cara, la del escepticismo, la del conformismo y la aceptación más o menso resignada del compromiso vivido día a día con el sistema dominante todos sus aparatos jurisdiccional o policial de los que se esperaba que garantizasen en el presente la seguridad y la tranquilidad, asegurando a cada uno sus posibilidades de supervivencia. Lo que resta es que el dinamismo de una sociedad se puede descubrir mejor en el aspecto del cuestionamiento, ya que los choques, incluso cuando se dan en un trasfondo ambiguo en incluso paseista, comportan el riesgo de provocar inicios de cambio”[2]. Que es otra forma de decir : no lo saben pero lo hacen.

Las cifras del libro son grandes, muy grandes: 8.528 rebeliones de diversos tipos rescatadas del olvido por el propio NICOLAS y por sus 59 colaboradores, que han examinado archivos a lo largo y ancho del territorio francés. Su amplia encuesta supera la metodología de los “estudios de caso” de los 70 del siglo pasado, a la que implícitamente acusa de producir generalizaciones precipitadas o reductivas: “No es una bulimia de erudición lo que nos hecho ir más allá, si no más bien la convicción de que, para verificar la validez de los modelo, es preciso trabajar sobre un tejido sin desgarros, lo más amplio posible, inscribiendo los acontecimientos en una serie prolongada, con el fin de desbaratar las infinitas trampas que se ocultan tras las ocurrencias y tras la variedad de las situaciones locales. Es cierto que el número, de forma pasajera, no está de moda. Las cifras, alineadas en ristra, demostrarían una opción ligeramente trivial. Recientemente sólo se hablaba de modelos o de paradigmas, primas de la verdad cuyas facetas serían más reveladoras que las series habían sido durante quizás demasiado tiempo la materia de la historia social “dominante”. Significa olvidar que el caso único escogido en los márgenes, por rico que sea, en primer lugar existe por su sitio en una secuencia: sólo con esta condición su análisis se transforma en significativo y generalizable. Yo hago mía la idea de Ernest Labrousse para quien “todo lo importante se repite”. Por añadidura, el rastreo sistemático de los archivos revela una cantidad de incidentes que hasta ahí desapercibidos, uno de cuyos elementos impactará la mirada, mediante la suerte, y producirá una nueva interpretación. Únicamente el “baño de multitudes”, la inmersión en la masa de los asuntos, puede librar este conocimiento íntimo, esta especie de empatía inseparable de la lectura del pasado. Quizá resulte sorprendente que un trabajo que se presenta bajo el signo de la estadística reivindique la afectividad como método de investigación, pero, por mi parte, no he querido sacrificar ni la cantidad ni los valores sensibles que recubre”[3]

NICOLAS clasifica sus 8528 rebeliones, crea tipologías, las analiza en sus ritmos ya sean anuales, decenales o estacionales, intenta descubrir continuidades, establece generalizaciones siempre prudentes, relaciona los conflictos con el conjunto de la población, atiende y analiza el lenguaje de aquellos que no saben o no pueden dejar trazos escritos si no es a través de las actas de los comisarios de policía, o la correspondencia de las autoridades dando cuenta de las rebeliones y pidiendo ayuda a sus superiores: “Todo era registrado, todo remontaba hasta la cúspide. El Consejo del rey, los ministros, los intendentes y sus subdelegados, los comandantes de provincia, los tribunales a todos los niveles imponían órdenes sin tregua, sanciones y arbitrajes cuyas trazas han conservado abundantemente los archivos. Unas trazas que hoy forman el mantillo de a inteligencia social del pasado »[4].

La primera clasificación en bruto de los conflictos inventariados atendiendo a las características sería la siguiente:

Motivos

nº de rebeliones

%

1. Rechazo de las iniciativas reformistas del Estado

53

0,6

2. Contra la fiscalidad y la parafiscalidad estatales

3336

39,1

3. Contra el aparato judicial, militar o policial del Estado

1212

14,1

4. Contra la señoría

439

5,1

5. Contra la nobleza y el privilegio nobiliario

12

0,1

6. Contra el clero

103

1,2

7. Cuestionamiento de notables

160

1,9

8. Cuestionamiento de la autoridad municipal

148

1,7

9. Subsistencias

1497

17,6

10. Religión, creencias

264

3,1

11. Conflictos de trabajo

441

5,2

12. Afirmación de particularismo regionales

94

1,1

13. Diversos

769

9,2

Total

8. 528

100

Numerosos mapas y cuadros estadísticos nos permiten valorar la incidencia real y la distribución de estas 8528 rebeliones en el territorio, y correlacionadas con el conjunto de la población. Positivismo dirán quizás algunos. No, se trata de construir una imagen de la conciencia social de un pueblo que, como siempre, es un conjunto abigarrado de grupos sociales, de identidades, de mentalidades, de culturas materiales y morales a partir de los datos que yacen, muchas veces sin explorar, en las cajas y dossiers de los archivos. Es natural que de la cantidad de material procesado de su organización y clasificación, de su análisis crítico, filológico aparezca una imagen rica y compleja de unas clases subalternas que tratando de sobrevivir, resistiendo como pueden a la opresión, tras lenta (y en ningún modo finalista) acumulación de experiencias, de cultura y indignación un buen día tomaron y derribaron las bastillas de la opresión y abrieron una nueva época histórica. Y es que para tener una imagen aproximada de la conciencia social de las clases subalternas del antiguo régimen es preciso un trabajo paciente de recuperación de miles de piezas que luego formarán un puzle en el que, sin duda quedarán numerosos agujeros, a pesar de la ingente obra realizada.

Por decirlo de forma un poco anticuada quizás, sólo la cantidad de material procesado permite acercarnos a la calidad del proceso social, a su dinámica, a sus ritmos, continuidades y rupturas. Como dirá NICOLAS: “Y si se me pone la objeción de que una recolección tan obstinada huele a un positivismo considerado superado, responderé que simplemente he sido fiel a la definición y a la impostación de nuestra disciplina. La palabra historia, como se sabe, significaba en primer lugar para Herodoto información, exploración, cuestionamiento, en fin, encuesta. ¡Me parece que después nadie lo ha dicho mejor! Inventariar, conocer, devolver a la memoria viva trazas desaparecidas, el resultado merecía las penas y trabajos que ha costado a una cincuentena de amigos, investigadores y estudiantes que se han asociado directa o indirectamente a la empresa. A partir de ahí, el fenómeno rebelionario puede ser interrogado en todas sus dimensiones relacionales, psico-sociales, quizás infra-políticas. Hasta llegar al núcleo duro: ¿qué fuerzas, inconscientes o conscientes, empujaban a los actores de este teatro siempre dramático a trascenderse a ellos mismos, a identificarse con una imagen común de grupo, es decir a acceder a formas rudimentarias de conciencia social? Y finalmente, ¿influyó este inmenso dispendio de energías negativas surgidas de abajo en la visión y en las estructuras estatales y por qué mecanismos de transmisión?”[5]

Anotemos el neologismo rebelionario usado por NICOLAS por comparación o analogía con revolucionario. El modelo propuesto por el autor pretende explicar el fenómeno revolucionario por la acumulación rebelionaria anterior. Con la diferencia de que una rebelión es un levantamiento sin aspiración a “des lendemains qui chantent”, un acontecimiento rebelionario es un suceso cuyos protagonistas, simplemente niegan y reniegan con la fuerza de la palabra y habitualmente con la violencia física, una situación de opresión que no les deja otra salida que la rebelión. Me parece una evidencia que nadie (excepto los revolucionarios de profesión o de vocación) desea rebelarse contra lo establecido. Mientras, por decirlo con lenguaje actual, se llegue a fin de mes, nadie, o pocos, se rebelan.

Por tanto, nos encontramos ante un inventario de acontecimientos desprovistos de otro finalismo que no sea la supervivencia, sea física o moral de los individuos o grupos sociales. Cosa diferente es que la reiteración en el tiempo o en el espacio, que la acumulación de circunstancias rebelionarias en número y calidad suficiente con una crisis del poder pueda comportar consecuencias revolucionarias. Pero para ello hay que contar con las clases antagonistas, que también juegan su rol. Y de qué manera.

Ciertamente, la historia de las clases subalternas no es el único componente de la historia: las clases dominantes ocupan un espacio no desdeñable en la historia realmente sucedida. Aunque menor del que ocupan en la historia escrita. Para que haya una revolución no solo es preciso que la rebelión popular se trascienda en cuestionamiento global del poder imperante. Es preciso que las clases dominantes se dividan entre ellas, que el estado entre en crisis global (guerra, bancarrota…) que los métodos de consenso y de coerción, que los modos de dirección y de dominación políticas hayan devenido inviables. Pero la tormenta perfecta no es el acontecimiento más habitual. Lo normal son las borrascas más o menos dispersas y las calmas “chichas”.

Pero cuando el último campesino, cuando el último gagne-denier, compagnon, journalier, blanchisseuse, o garçon decide que ya no aguanta ya más, cuando a partir de su cultura material y moral, empieza a distinguir entre ellos y nosotros, cuando se trasciende él mismo en su grupo social, cuando acumula experiencia en el conflicto cotidiano, cuando la transmite de generación en generación, cuando se socializa… cuando todo ello pasa, la historia puede dar saltos que nadie imaginaba ni podía imaginar si no es a posteriori.

Ante obras como La rébellion française a uno le parece estar viendo como se ponen en obra la idea de historiador y de historia integral formulada por Antonio Gramsci el el conocido parágrafo sobre la historia de las clases populares, escrita en los Cuadernos de la Cárcel: "La historia de los grupos sociales subalternos es necesariamente disgregada y episódica. No hya uda de que en la actividad histórica de estos grupos hay una tendencia a la unificación, aunque sea a niveles provisionales; pero esa tendencia se rompe constantemente por la iniciativa de los grupos dirigentes y, por tanto, sólo es posible mostrar su existencia cuando se ha consumado ya su ciclo histórico, y siempre que esa conclusión haya sido un éxito. Los grupos subalternos sufren siempre la iniciativa de los grupos dominantes, incluso cuando se rebelan y de levantan. En realidad, incluso cuando parecen victoriosos, los grupos subalternos se encuentran en una situación de alarma defensiva (esta verdad puede probarse con la historia de la revolución francesa hasta 1830 por lo menos). Por eso todo indicio de iniciativa autónoma de los grupos subalternos tiene que ser de inestimable valor para el historiador integral; de ello se desprende que una historia así solo puede encararse monográficamente, y que cada monogafía exige un cúmulo enorme de materiales a menudo difíciles de encontrar".

Ignoro si NICOLAS comparte de algún modo este punto de vista del filósofo y dirigente comunista italiano, pero a mi me parece que La rebellion française se ajusta del todo al programa de investigación trazado por Gramsci. Ahora y aquí no puedo justificar esta idea. Cualquier persona que haya leído el libro podrá aportar su opinión al respecto

Notitas finales

1.- Esta simple nota de lectura escrita el 21 de julio de 2011, al pie del Matagalls y colgada en el blog el día 25 de agosto del mismo año, me ha servido para enmarcar el comentario que hago en mi tesis de dos capítulos: VII Jours sans pain y VIII Politique de la faim. Sólo podré publicar esa parte del comentario tras hacer la defensa de la tesis. En ella trato de usar los datos de la encuesta de NICOLAS, junto a las aportaciones de otros autores ( Rudé, Luchinsky, Ado, Bouthon, Gauthier y Ikni) para enmarcar las relaciones entre el protagonista de mi tesis, Jacques-Michel Coupé de l’Oise (1737-1808) con el capítulo que dedico al comercio de los cereales y de las revueltas populares por el derecho a la nutrición. Dejo un comentario más global del conjunto de la obra de NICOLAS para más adelante, cuando mi cronograma lo permita.

2.- El volumen que manejo es una edición de bolsillo en la Colección Folio. Se hace difícil de leer por el tamaño de la letra común en esa colección: una taille que debemos pagar los lectores pobres. También, y es verdadera lástima, casi imposible de apreciar el detalle de las bellísimas ilustraciones. Incluso es difícil de manejar manualmente (1076 páginas en tamaño tan pequeño dan un formato inmanejable que queda deformado irremisiblemente cuando has superado las primeras 300 páginas. Por ello recomiendo a quien le interese el libro y tenga el dinero necesario, que trate de comprar, si la encuentra, la primera edición de Éditions du Seuil, 2002.

3.- NICOLAS divide los motines de subsistencias en tres tipologías:

1.- Surgidas de las ciudades y de sus faubourgs pero también del campo, las multitudes furiosas apostrofan a todos aquellos que consideran responsables de la situación: panaderos comerciantes de granos o autoridades locales. Someten al pillage tiendas y tenderetes, roban el pan y la harina y, en los casos en que produce una mayor politización se dirigen a los edificios públicos o a los privados de los magistrado y reclaman allí soluciones de diverso tipo, como la tasación, las visitas domiciliarias a casa de los supuestos acaparadores y compra de trigo en el exterior.

2.- En el campo. Ataques contra granjas apartadas, castillos, curas, abadías, que supuesta o realmente guarden trigo oculto. Las bandas de campesinos, disfrazadas y con la cara pintada de negro par ano ser reconocidos o sin ello, tratan de forzar la entrega del grano por parte de los acomodados y en el caso de negativa hunden las puertas o el conjunto de los graneros.

3.- Oposición a la salida del trigo de la ciudad, comarca o región, básicamente el ataque es contra comerciantes foráneos, contra las requisas militares. Los convoyes de carros transportando granos pueden ser detenidos a su paso por el campo o la ciudad, o en alguno de los relais a los largo del camino. También pueden ser detenidos las barcazas de transporte tanto en ríos como en canales.

El resumen es cifras es el siguiente:

Tabla VII. Tipos de motines de subsistencias

Contra la carestía

564

Contra el acaparamiento

119

Contra la exportación de granos

707

Otros

136

Total

1526

1526 motines de subsistencias representan el 17,9 % de los 8528 acontecimientos rebelionarios.


[1] Las restantes 229 paginas corresponden a un imponente y muy útil aparato crítico que ayuda a posteriores y complementarias búsquedas.

[2] « Certes, les humbles ne vivaient pas continûment dans l’antagonisme. Une radiographie de l’opinion populaire doit aussi inclure l’autre face, celle du scepticisme, du conformisme et de l’acceptation plus ou moins résignée du compromis vécu au jour le jour avec la système dominant et tous son appareil juridictionnel ou policier dont on attendait qu’il garantît dans le présent la sécurité et la tranquillité, en assurant à chacun des chances de survie. Reste que le dynamisme d’un société est bien davantage à découvrir du côté de la mise en cause, parce que les heurts, même sur fond revendicatif ambigu et parfois passéiste, risquent de provoquer amorces de changement », Jean NICOLAS, La rébellion française, ob.cit., p. 11.

[3] « Ce n’est pas une boulimie d’érudition qui nous a conduits à aller au delà, mais bien la conviction que, pour éprouver la validité des modèles, il faut travailler sur un tissu sans déchirure, aussi large possible, en inscrivant les événements dans un série prolongée pour déjouer les pièges infinis qui s’abritent derrière les occurrences et la variété des situations locales. Il est vrai que le nombre, passagèrement n’est pas à la mode. Les chiffres, alignés en chapelets, relèveraient une démarche légèrement triviale. On ne parlait récemment que des modèles ou de paradigmes, prismes de vérité dont les facettes seraient plus révélatrices que les séries qui n’auraient que trop longtemps formé la matière de l’histoire sociale « dominante ». C’est oublier que le cas unique choisi dans les marges, si riche soit-il, existe d’abord par sa place dans une séquence : son analyse ne devient significative et généralisable qu’à cette condition, et je fais mienne l’idée d’Ernest Labrousse pour qui « tout ce qui est important est répété ». De surcroit, le ratissage systématique des archives soulève une multitude d’incidents jusqu’à-là enfouis, dont un élément accrochera le regard, la chance aidant, pour une interprétation neuve. Seul le « bain de foule », l’immersion dans la masse des affaires, peut livrer cette connaissance intime, cette sorte d’empathie inséparable de la lecture du passé. On pourra s’étonner de ce qu’un travail présenté sous le signe de la statistique revendique l’affectivité comme mode d’investigation, mais je n’ai voulu sacrifier ni le nombre ni les valeurs sensibles qu’il recouvre » Jean NICOLAS, La rébellion française, ob.cit. p. 19.

[4] « Tout était enregistré, tout remontait au sommet. Le Conseil du roi, les ministres, les intendants, et leurs subdélégués, les commandants de province, les tribunaux à tous les niveaux imposaient sans trêve des ordres, des sanctions ou des arbitrages dont les archives ont conservé les traces surabondantes qui forment aujourd’hui le terreau de l’intelligence sociale du passé » Ob.cit. p. 12.

[5] « Et si l’on m’objecte qu’un collecte aussi acharnée sent un positivisme jugé révolu, je répondrai que nous avons simplement été fidèles à la définition et à la démarche première de notre discipline. Le mot histoire comme on sait, signifiait d’abord pour Hérodote information, exploration, questionnement, bref enquête. Il ne m’a toujours semblé qu’on n’avait pas dit mieux depuis ! Recenser, connaître, rendre des traces disparues à la mémoire vivante, le résultat valait déjà les peines qu’il a coûtées à la cinquantaine d’amis, chercheurs et étudiants qui se sont directement ou indirectement associés à l’entreprise. A partir de là, le phénomène rébellionaire peut être interrogé dans toutes ses dimensions relationnelles, psychosociales, infra-politiques peut-être. Jusqu’à atteindre le noyau dur : quelles forces, inconscientes ou conscientes, poussaient les acteurs de ce théâtre toujours dramatique à se dépasser eux-mêmes, à s’identifier à une image commune au groupe, c’est-à-dire accéder à des formes rudimentaires de conscience sociale ? Enfin, cette immense dépense d’énergies négatives venues d’en bas a-t-elle influé à terme sur la vision et les structures étatiques, et par quel relais ? » Ob.cit. p. 22.

dilluns, 27 de juny del 2011

Notas de un lector impaciente: Luciano Canfora y la democracia.


Joan Tafalla

La necesidad de retomar la tradición democrática frente al vaciamiento de sus contenidos por parte del liberalismo se transformó desde mediados de los años noventa del siglo pasado en una tarea imperiosa. La ofensiva neoliberal en curso desde los años de Reagan y Tatcher se desarrollaba impulsada por la caída de los regímenes post-estalinistas. El neo- liberalismo alejaba progresivamente el imperium de los espacios de soberanía ( precarios e insuficientes, pero reales) conquistados tras la derrota mundial del fascismo y del nazismo en 1945. El neoliberalismo rampante, destruía los estados nacionales, destruía los espacios de ejercicio de soberanía y trasladaba el imperium brutalmente hacía los verdaderos centros de poder: empresas transnacionales, FMI, BM, USA, Unión Europea, Banco Europeo... La izquierda institucional se dividía entre los partidarios acérrimos de ese proceso ( cómplices ciegos de su propia autodestrucción: ) o el despiste atávico de los herederos del eurocomunismo y el oportunismo tous azimuts de Los Verdes tipo Fisher o Cohn-Bendit.

La urgencia de reabrir ese dossier fue anunciada en España por un libro publicado por Joaquín Miras a principios de la década pasada, titulado Repensar la política, refundar la izquierda[1] cuyo subtítulo es un verdadero programa intelectual y moral: Historia y desarrollo de la tradición de la democracia. Un programa intelectual y moral que discurre por la vía trazada por Arthur Rosenberg[2], Georg Luckacs[3] y Antonio Gramsci.

Partiendo de estos y otros autores, Miras sostiene que una concepción de la democracia como movimiento de las clases populares en lucha con la oligarquía del dinero, en lugar de ver en ella un régimen político basado en la representación mediada de la soberanía popular. El carácter democrático de cualquier movimiento o institución proviene más de su sustancia o carácter de clase que de los procedimientos. Con Aristóteles afirmaría: “... en lo que diferencian la democracia y la oligarquía entre si es en la pobreza y la riqueza; y necesariamente, donde gobiernen por dinero, ya sean menos o más, ese régimen será oligarquía y, donde los pobres, democracia, pero suele ocurrir, como dijimos, que aquellos son pocos y estos muchos”[4]. Interesa recordar aquí que Aristóteles no era precisamente un demócrata, lo que confiere a su análisis un valor importante: esta frase no se puede inscribir en el discurso de la retórica “democrática”, si no en el realismo del que acepta sin más la existencia de la lucha de clases.

Pero no pretendo aquí hacer una exégesis de la obra de Miras. Los amables lectores de esta nota pueden leerla y juzgar de su utilidad usando sus propias gafas. Lo que me interesa aquí es publicar unas notas de lectura de otro autor que, procediendo del mismo mundo intelectual de Miras ha tratado durante la última década el tema de la democracia, aportando un discurso crítico de los regímenes autodenominados democráticos de gran interés.

Canfora no siempre coincide con Miras en la urgencia y la viabilidad de recuperar la venerable tradición de la democracia al servicio de un proyecto de emancipación social. Sin embargo, los cuatro libros sucesivos: Crítica de la retórica democrática[5], La democracia. Historia de una ideología[6] , Exportar la libertad[7], y el aún no publicado en España, La natura del potere[8] constituyen un recorrido insoslayable para cualquiera que se plantee esta problemática.

Crítica de la retórica democrática

En Crítica de la retórica democrática Canfora admite sin mayores discusiones la teoría de élites formulada a finales del siglo XIX y principios del XX por Gaetano Mosca[9] y por Robert Michels[10]. Aún aceptando que la tendencia a la burocratización y a la conversión en casta apartada del pueblo de la mayoría de las organizaciones que se reclaman de la tradición de la izquierda hace imprescindible la lectura de ambos autores para ser comprendida, no creo que la solución a los problemas de la democracia y del socialismo provenga del conservadurismo y del pragmatismo que propugna esa escuela. Vale aquí aludir al aforismo sobre la necesidad de combinar el pesimismo de la inteligencia ( análisis realista y conforme a datos de la evolución de los diversos regímenes y partidos que se reclaman de la democracia y del socialismo) y el optimismo de la voluntad ( necesidad ineludible de retomar la tradición democrática para poder retomar alguna vez la tradición socialista).

En nombre de un saludable realismo analítico crítico del discurso ideológico y de la retórica encubridora de los reales mecanismos de dominación, de las democracias occidentales, Canfora acepta como inevitable el aristotélico sistema mixto. Coincido con él: el carácter real de muchos de los sistemas políticos que se auto-denominan “democráticos” sin serlo, es realmente mixto: monarquía, oligarquía y democracia combinados. De ahí a aceptar resignadamente esta realidad hay un gran paso que yo, no estoy dispuesto a dar.

En el largo periodo de avance democrático abierto en 1789, numerosas reivindicaciones democrático-populares han debido ser aceptadas por la oligarquía tras dura pugna con los sectores populares para, a continuación, ser vaciadas de sustancia y reconvertidas en instrumento de refuerzo de la hegemonía oligárquica. Esa es la realidad palpable. Esa es la realidad que Canfora denuncia. Sin embargo, es no es el único camino posible. No hay motivo para pensar que sea imposible un régimen de democracia tout court ni para pensar que las élites siempre secuestrarán la soberanía popular.

Canfora llama a testimonio a favor de su adhesión a la teoría de élites la crítica del sistema parlamentario presente en los Quadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci y concretamente en el <§> 30 del cuaderno 13 titulado: El número y la cualidad en los regímenes representativos. En ese parágrafo Gramci critica la crítica oligárquica de los regímenes parlamentarios como regímenes de mayorías numéricas efectuada desde las posiciones de la revista Critica Fascista. Gramsci se burla de la banalidades usadas por la crítica oligárquica del parlamentarismo. Lo que le parece una crítica substantiva en cambio es la realidad de que en esos regímenes no todos los votos sean iguales y, que: “el consenso numérico es sistemáticamente falsificado por el influjo de la riqueza” [11]. La crítica gramsciana no se refiere al sufragio universal, si no a su falsificación sistemática en los regímenes parlamentarios. El párrafo de Gramsci acaba con un elogio de un sistema de una democracia sovietista ideal que, leído en su textualidad no se puede ni debe confundir con el sistema soviético realmente existente en los años en que Gramsci escribía este cuaderno ( 1932-1934) ni mucho menos con los años posteriores. Una democracia de consejos que, de ser conocida, no andaría muy lejos de la actual reivindicación de Democracia Real ¡Ya!

La democracia. Historia de una ideología

Crítica de la retórica democrática es un primer esbozo de La democracia, Historia de una ideología obra mayor de Canfora donde trata de dar una visión de conjunto de la historia de la tradición democrática. La democracia... proporciona una critica muy competente de la ideología democrática dominante. Aunque quizás sea de notar la ausencia de una delimitación más precisa entre la idea de democracia de la constitución francesa de 1793, o de la práctica democrática de la Comuna de Paris, con respecto de los regímenes liberales representativos tipo Tercera república francesa que se constituyen como forma de consolidar la hegemonía de la nueva clase dominante. Una hegemonía que no se había podido consolidar durante los casi ochenta años que median entre 1795 y 1871, en que Francia vio desfilar diversos regímenes: la restauración, las revoluciones de 1830 y 1848 el interludio cesarista y el último coletazo de la democracia popular en 1871. Que la tercera república y los regímenes que se le parecen usen la palabra democracia integrándola en su discurso justificativo no debe hacernos perder el norte: la democracia y el liberalismo son regímenes diversos.

La democracia... fue censurado su editor en Alemania por atreverse explicar que la “democrática” República federal alemana de Konrad Adenauer se edificó sobre la base de un pacto entre la Democracia Cristiana y los USA por una parte y numerosos cuadros políticos y militares procedentes y participantes en el Tercer Reich. El documentadísimo capítulo dedicado a Alemania llevó al editor alemán a la no publicación de un libro contratado y que fue calificado por algún historiador de pago, como panfleto comunista[12].

Como digo, La democracia... supone un esfuerzo monumental por parte de Canfora de hacer una historia de lo que llama “ideología democrática” desde su primera aparición en Grecia hasta las primeras revoluciones europeas que se plantearon el problema del sufragio universal. En ella se reitera el uso de la teoría de élites para criticar el sistema parlamentario. De esa crítica elitista, Canfora deduce en diversos pasos la inviabilidad de la democracia. Canfora considera que en un sistema mixto en que la democracia debe convivir y limitar sus excesos con instituciones oligárquicas ( sean un sistema parlamentario, o un régimen de partido único), o incluso monárquicas ( sean en la forma de presidencialismos o cesarismos progresivos). Sin embargo, Canfora da pasos adelante muy considerables en relación con el libro anterior: empieza oponer liberalismo y democracia. En las partes del libro donde Canfora percibe mejor esa distinción, el rescate de la tradición democrática aparece como única alternativa y deja de ser solamente como ideología. Véase por ejemplo, su contundente crítica de la Constitución europea: “... ha vencido la libertad – en el mundo rico – con todas las terribles consecuencias que ello comporta y comportará para los demás. La democracia queda aplazada hasta un nuevo mañana en que será objeto de una nueva reflexión por parte de otros hombres. Tal vez ya no europeos”[13]. Es de desear que nuevas obras de Canfora sobre la democracia vengan a corroborar y a afianzar esa distinción analítica y normativa.

Exportar la libertad

Exportar la libertad[14] pareció dar pasos consistentes en esa dirección. El libro muestra la impresionante capacidad de Canfora para inducir tendencias históricas manejando con suma solvencia hechos tan lejanos los unos de los otros como puedan ser:

  • la intervención de Luis Napoleón ( aún presidente de la segunda república) en defensa del Papa Pío IX contra la república romana de Mazzini y Garibaldi en 1849;
  • la utilización de la consigna “libertad para los griegos” alternativamente por parte de Esparta y Atenas durante la guerra del Peloponeso ( 431-404 a.c.), durante las guerras médicas ( 478 a.c.); en la guerra de Atenas contra Samos ( 441-440 a.c.); o el rol de esa misma consigna de la libertad para los griegos en el juego geopolítico entre Inglaterra, el imperio austro-húngaro, Francia y el imperio otomano durante el siglo XIX en los Balcanes o,
  • la analogía que establece entre revolución húngara de 1956, y la represión ateniense ante la insurrección de Samos frente Atenas;
  • la no intervención de las potencias democráticas a favor de la república y contra el franquismo tanto durante la guerra civil española, así como al final de la segunda guerra mundial.

En esa misma clave Canfora examina brevemente la historia de la URSS y de los países del Este de Europa entre 1945 y 1991, entendida como “... la historia de la gestión, la crisis y la dilapidación del capital de prestigio obtenida por “haber llevado la libertad” a Europa”[15].

En todas estas obras encontrará el amable lector una constante de la obra de Canfora: la alusión a realidades de la antigüedad parangonables a las actuales. El uso de la analogía es un instrumento útil de inducción de tendencias históricas de fondo. La historia comparada es un buen instrumento de conocimiento de la realidad. Sin embargo fue Luckacs quien en una ocasión donde usaba la analogía para hacer prognosis política, nos avisó de los peligros inherentes a la analogía: “Comprendo que no se deben estirar las analogías y que las analogías no se resuelven en paralelismos, pero me imagino que usted comprenderá a qué me refiero cuando digo que hemos de tener conciencia clara de que nos encontramos en los comienzos de un período nuevo”[16].

Cuando la historia comparada y la acumulación de analogías se realiza por parte de autor con obra tan sólida y con un conocimiento exhaustivo de los hechos tanto de la antigüedad como de la contemporaneidad, sus observaciones y reflexiones no pueden por menos que estimular nuestra reflexión. El rol de las continuidades culturales y de la longue durée por encima ( o quizás mejor: por debajo) de las rupturas revolucionarias esta muy presente en la obra de Canfora, como se ve percibe en algunos apartados del libro que el lector tiene entre sus manos y del resto de la obra canforiana. Particularmente ilustrativa de esta longue durée es el anexo de Exportar la libertad: dos documentos cuyas continuidades son sumamente reveladoras a pesar de proceder de culturas y de tiempos muy diferentes: el motu propio de Pio IX de 1949 y la profecía del ayatollah Jomeini en su carta a Gorbachov el 1 de enero de 1989.

Canfora concluye Exportar la libertad del siguiente tenor: “Antaño se dio, y se escribió, que la alternativa al socialismo era “la barbarie”. A lo mejor estamos llegando a este punto”[17]. Diagnóstico, pronóstico o preocupación que comparto plenamente. A los historiadores les está vetado, en el ejercicio de su profesión proponer terapias. Pero cualquier ciudadano que lea ese libro puede deducirlas por su cuenta y riesgo.

La naturaleza del poder

El último libro de Canfora dedicado a la temática del régimen político democrático se titula La natura del potere[18] y aún no cuenta con editor en español. El tema tocado por el libro queda inmediatamente de manifiesto: “... ¿como sucede que las varias voluntades de los individuos confluyan en opciones que dan la sensación de ser opciones colectivas? ¿Quién consigue unificar las infinitas voluntades? ¿ Y con qué medios? Es el circuito gobernantes-gobernados; cuya representación holográfica es la de la democracia representativa y del mecanismo electivo-parlamentario, pero cuya realidad es la conquista del imperium, o sea, del poder”[19].

Las categorías que Canfora trae a colación para acercarse al tema del poder son diversas: empecemos por la de jefe. La problemática del jefe ocupará bastante espacio en La natura del potere[20]. Se trata en definitiva de un viejo tema del debate socialista de principios del siglo XX que tenía como tema el papel del individuo en la historia. Canfora traerá de nuevo como testimonio de su posición a Gramsci. En el artículo titulado Jefe[21], publicado en l’ Ordine Nuovo el 1 de marzo de 1924, tras la muerte de Lenin sucedida el 21 de enero del mismo año, Gramsci hacía algo más que un simple homenaje a Lenin, si no que polemizaba con sectores del socialismo italiano vinculados a la tercera internacional pero no miembros del partido comunista que criticaban la personalización de la política. En el artículo, Gramsci, critica a los socialistas que reclaman la dictadura del proletariado pero rechazan la dictadura de los jefes, por no aceptar que ésta es “la única forma en que esta es históricamente posible”. Esta frase de Gramsci ha sido mal interpretada en numerosas ocasiones.

Es preciso recordar que este artículo está escrito antes de que Gramsci elabore con mayor matización las vías de la revolución en Occidente y su concepto de hegemonía entendida como la compleja relación existente en el interior del binomio dirección o consenso vs. dominación o coerción. Sin embargo, el artículo de Gramsci no puede ni debe ser utilizado como justificación del estalinismo. La posición gramsciana, que defiende el rol de Lenin como jefe, es clarísima: “ En la cuestión de la dictadura proletaria el problema esencial no es el de la personalización física de la función de mando. El problema esencial consiste en la naturaleza de las relaciones de los jefes o el jefe tengan con el partido de la clase obrera, y de las relaciones que existan entre ese partido y la clase obrera”[22].

El mismo artículo citado por Canfora hace una durísima contraposición entre Lenin jefe de una “dictadura del proletariado expansiva y no represiva” que reconstruye la sociedad rusa en descomposición debido al desastre de la Gran Guerra y de la guerra civil y el Mussolini cuya “... doctrina está enteramente contenida en la máscara física, en el rodar de los ojos en las órbitas, en el puño siempre dispuesto a la amenaza...”[23]. Quizás podemos suponer que algún adelantado de la tesis de la identidad entre bolchevismo y fascismo (tan corriente en los últimos años) estaba en el punto de mira del artículo. Me parece claro que el pesimismo de la inteligencia gramsciano con respecto a la existencia o a la necesidad de los jefes consiste simplemente en considerarlos inevitables en tanto que fruto de la realidad y del atraso cultural de las masas obreras, no tanto como algo deseable o acorde con los principios defendidos. Hay diversos pasos de los Cuadernos y de la Cartas de la cárcel donde Gramsci se extiende sobre este problema, pero no los puedo aducir aquí: serían motivo de otro estudio.

El siguiente concepto que Canfora aborda en su inchiesta sobre la naturaleza del poder será la de cesarismo y, más específicamente la del gramsciano cesarismo progresivo. No debería sorprendernos esta preocupación por el tema del cesarismo en un autor como Canfora que ha dedicado a Julio César un interesantísimo libro[24]. Para Canfora el bonapartismo no es simplemente una monarquía, si no una forma de poder carismático-militar que aparece cuando la situación es inestable y parece imprescindible una figura que haga de arbitro entre las clases en lucha: “No es superfluo añadir, al respecto, que también el tirano, antes de convertirse en la antitesis, en el opuesto, de la politeia y, por tanto, de la democracia, había sido el mediador ( filo-popular) en los conflictos sin salida de la Grecia del siglo VI ac.”[25]

l A este respecto me parece relevante la atención prestada por Napoleón en Santa Elena a la figura no sólo militar, si no política de Julio César. Analizando esta cuestión, Canfora nos muestra una interesante continuidad entre el pensamiento político de Napoleón y la férrea ley michelsiana de la oligarquía traída de la mano del comentario de aquél a las guerras de Julio César: “En los pueblos y en las revoluciones la aristocracia existe siempre: destruidla en la nobleza, ella se sitúa prontamente en las casas ricas y potentes del tercer estado; destruidla en éstas, y subsiste en los jefes de taller y del pueblo”[26]. El realismo bonapartista, que no deja de ser una demostración de cinismo por parte de un ex -jacobino, es aducido por Canfora para justificar históricamente la necesidad de la clase política o de la élite que secuestra la soberanía del pueblo. Sin embargo, a mi, lejos de parecerme una prueba de nada me parece un argumento de parte.

Otro de los conceptos en que se apoyará la Canfora será la crítica maquiaveliana a la figura del profeta desarmado. Sin embargo es preciso recordar que Maquiavelo tras afirmar secamente que “...todos los profetas armados tuvieron acierto, y se desagraciaron cuantos estaban desarmados”[27], añade que la ruina de Savonarola se debió a que “Cuando la multitud comenzó a no creerle ya inspirado, no tenía el medio alguno para mantener forzadamente en su creencia a los que la perdían, ni para precisar a creer a los que ya no creían”[28]. Lo que a mi modesto entender me parece algo más que una afirmación de la necesidad de la coerción. Me parece un antecedente de la problemática leniniana y gramsciana de la hegemonía entendida como combinación de coerción y consenso.

Canfora muestra que uno de los instrumentos de la conquista y del mantenimiento del poder ha sido históricamente el poder de la palabra. Quien poseía ese don contaba con un instrumento privilegiado para la conquista del poder. “Pero hoy la palabra pública está muerta, sustituida por un potentísimo electrodoméstico. Quien lo posee – por decirlo con De Gasperi- gana las elecciones”[29].

Este ligero repaso de la obra de Canfora relativa a los temas de la democracia, de la política y por consiguiente de la lucha por el poder, no puede sustituir un análisis mucho más detenido. No descarto que en un futuro no lejano, una vez acabados algunos trabajillos que tengo reclamando mi atención sobre mi mesa de trabajo, me meta yo en esa camisa de once varas. Sirvan estas notas sólo a modo de aperitivo de un futuro estudio. O sirvan de invitación a otros con mayor preparación que yo, que lo hagan y me ahorren la tarea.

Sea como sea, los cuatro libros de Canfora que he traído a colación en esta nota, están ahí esperando ser leídos por la gente que reivindica democracia en plazas y calles.

( Este artículo, publicado originalmente en La Carmagnole, el día 27 de junio de 2011 puede ser reproducido total o parcialmente, citando siempre el autor y la fuente original del mismo)



[1] MIRAS, Joaquin, Repensar la política, refundar la izquierda, Barcelona, El Viejo Topo, 2002. Se pueden encontrar numerosos trabajos de este autor en que desarrolla aspectos tratados en su libro en http://www.espai-marx.net/ca .

[2] Autor que ha sido reivindicado y presentado de nuevo durante la pasada década España también por Miras). Véase su artículo Artur Rosenberg, un pensador maldito, en la página de Espai Marx: http://www.espai-marx.net/es?id=413.. Se puede encontrar su Historia de la república romana en: http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=300 y su Democracia y Socialismo en: http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=285 .

[3] Léanse particularmente AAVV Conversaciones con Lukács http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=1077 y El hombre y la democracia: http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=356

[4] ARISTÓTELES, Política, Madrid, Alianza Editorial, 1993, p. 122.

[5] CANFORA, Luciano, La crítica de la retórica democrática, Barcelona, Ed. Crítica, 2002.

[6] CANFORA, Luciano, La democracia. Historia de una ideología, Barcelona, Ed. Crítica, 2004.

[7] CANFORA, Luciano, Exportar la libertad El mito que ha fracasado. Barcelona, Ariel 2007.

[8] CANFORA, Luciano, La natura del potere, Bari, Laterza, 2009.

[9] MOSCA, Gaetano, La clase política, Selección de Norberto Bobbio, México, Fondo de Cultura Económica, 1984.

[10] MICHELS, Robert, Los Partidos políticos : un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna, Buenos Aires : Amorrotu, 1969.

[11] GRAMSCI, Antonio, Quaderni del Carcere, Torino, Einaudi, 1975, Edizione critica dell’Istituto Gramsci, a cura di Valentino Gerratana, pp. 1625.

[12] Véase información más completa en PONTON, Gonzalo, Los fantasmas de la democracia, en las páginas de opinión de El País, edición de lunes 16 de enero de 2006, p. 14.

[13] CANFORA, Luciano, La democracia. Historia de una ideología, ob.cit. p. 289.

[14] Véase una recensión más amplia de este libro en TAFALLA, Joan: Exportar la libertad por Luciano Canfora, http://lacarmagnole.blogspot.com/2011/06/exportat-la-libertad-por-luciano.html

[15] CANFORA, ob.cit., p. 39.

[16] AAVV, Conversaciones con Luckacs, Madrid, Alianza Editorial, 1971. Primera edición en alemán, 1967.

[17] Ob.cit., p. 90.

[18] CANFORA, Luciano, La natura del potere, Bari-Roma, Ed. Laterza, 2009.

[19] CANFORA, Luciano, La natura del potere, ob.cit. p. 19.

[20] CANFORA, Luciano, La natura del potere, ob.cit., todo el capítulo tercero, cuarto, quinto, sexto y, si mi análisis no anda equivocado también el noveno. Un total de 44 sobre 93 páginas de texto.

[21] GRAMSCI, Antonio, Antología, selección y notas de Manuel Sacristán, México D.F., Editorial Siglo XXI, 1970, pp. 149-153. Utilizo la versión española de Manuel Sacristán del texto que, curiosamente no aparece en la Antología Per la verità, Scriti 1913-1926 a cura di Rezo Martinelli, Roma, Editori Riuniti, 1974. Si que aparece En Le opere. La prima antología di tutti gli scritti, a cura di Antonio A. Santucci, Roma, Editori Riuniti, 1997. La selección de escritos de cualquier autor siempre van marcadas por el aire del tiempo.

[22] GRAMSCI, Antonio, Antología, p. 150.

[23] GRAMSCI, Antonio, Antología, p. 153.

[24] CANFORA, Luciano, Julio César: un dictador democrático, Barcelona, Ed. Ariel, 2000.

[25] CANFORA, La natura del potere, ob.cit., p. 31.

[26] BONAPARTE, Napoleón, Précis des Guerres de César, écrti par Marchand, à l’Ile Sainte-Hélène, sous la dictée de l’empereur, Paris, chez Gosselin, libraire-éditeur, 1836, editada en facsímil en Nápoles, ed. Jovene, 1984, con una nota de lectura de Bertrand Hemmerdinger, p. 209. Conviene aquí incluir el texto en francés puesto que la versión en italiano usada por Canfora muestra alguna discrepancia de traducción: “Chez les peuples et ans les révolutions l’aristocratie existe toujours: la détruisez-vous dans la noblesse, elle se place aussitôt dans les maisons riches et puissantes du tires-état; la détruisez-vous dans celle-ci, elle surnage et se réfugie dans les chefs d’ateliers et du peuple”. La discrepancia de traducción no es pequeña: donde Bonaparte dice “les chefs d’ateliers et du peuple », el traductor italiano traduce: “aristocrazia operaia”, Le guerre di Cesare, a cura di A. Paradiso, Salerno-Roma, 2005, p. 135. Cosa que muestra que el ucronismo no es un defecto exclusivo de los historiadores, si no que también puede ser ejercido por traductores poco cuidadosos.

[27] MAQUIAVELO, Nicolás, El príncipe (Comentado por Napoleón Bonaparte), Madrid, Espasa-Calpe, 1984, p. 33.

[28] MAQUIAVELO, Nicolás, El príncipe, ob.cit. p. 34.

[29] CANFORA, Luciano, La natura del potere, ob.cit. p. 73.