Pàgines

Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Jacques Guilaumou. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Jacques Guilaumou. Mostrar tots els missatges

dissabte, 28 de novembre del 2009

Jacobinismo

Jacques Guilhaumou

(*) Dictionnaire Critique du marxisme. Bensussan-Labica, Paris, Quadrigue/ Presses Universitaires de France, 1999. Première édition, 1982, pp. 622-626.

No es legítimo atribuir a Antonio Gramsci la originalidad de una pregunta sobre el jacobinismo, " en sentido integral que esta noción ha tenido históricamente y que debe tener como concepto", (Gr. ds le texte- GT, p. 245)? Sería algo así como creer que los demás " clásicos del marxismo" hablasen francés en política sin preocuparse nunca, del concepto de jacobinismo en particular. Los trabajos más recientes en este ámbito intelectual pueden dar pie a tal interpretación, y sin embargo esta es una falsa pista. En este sentido la vía emprendida esconde la compleja historia de la relación entre la Revolución Francesa y la tradición marxista y el movimiento obrero; e impide además, explicar la filiación teórica entre Terror (Marx), Hegemonía de pueblo (Lenin) y Jacobinismo (Gramsci); que no se dé cuenta y razón de todo lo que está en juego en el posicionamiento jacobino cuando analiza cada situación: la referencia al movimiento histórico real da cuenta del desafío jacobino en el análisis de las situaciones: la designación del movimiento histórico real.

La traducción del concepto de jacobinismo alcanza su eficacia máxima en los Cuadernos de prisión, pero nunca en forma de un análisis disociado de la cuestión de la Revolución francesa. Lo que se trabaja en los textos de Gramsci, es el conjunto de los enunciados sobre la experiencia revolucionaria francesa esparcidos en los textos filosóficos e históricos de Marx. El dirigente comunista italiano intenta desarrollar uno de los proyectos del joven Marx (« La Révolution française : histoire de la naissance de l’État moderne », IA, p. 602 ; MEV, 3, 537[1]), en un estudio sobre la " relación histórica entre el estado moderno francés nacido de la Revolución y los otros Estados modernos de la Europa continental", ( Cahiers de Prison, Gallimard, t.1, p. 156). [Gramsci]Compara la vía revolucionaria impuesta por " el aparato terrorista francés", aparato de hegemonía dominada por los aparatos políticos democráticos, del club a las secciones, con el modelo de formación de los Estados modernos al XIXe siglo, respecto de: la "revolución pasiva." Define la estrategia de revolución permanente para referirse a los acontecimientos que se producen en Francia de 1789 a 1870 (GT, p. 494). El asocia "fuerza jacobina" a la creación ex nihilo de "una voluntad colectiva nacional-popular" (GT, p. 425). El trabajo al cual se entrega Gramsci no pretende reconstruir el progreso complejo del pensamiento de Marx sobre el caso francés, más bien trata de ampliar el análisis de la tradición marxista sobre la relación de los Jacobinos con la sociedad civil, del " Partido jacobino" con el estado moderno", (Quaderni del Carcere, p. 2010), y de poner así de relieve los conceptos estratégicos de “revolución permanente” y de " nacional-popular jacobino", (concepto " de hegemonía política", de " alianza entre los burgueses-intelectuales y el pueblo", QDC, p. 1914).

Sigamos pues la aparición de las categorías históricas jacobinas en los textos de Marx y de Engels. Desde muy temprano, Marx queda fascinado por la acción de los "héroes de la Revolución francesa", por las figuras trágicas de Robespierre y San-Just: estos "portavoces de la masa" (SF, p. 144 y s.; MEW, 2, 125 y s.), " auténticos representantes de las fuerzas revolucionarias, es decir de la única clase auténticamente revolucionaria: la "masa innumerable" (IA, P. 204; MEW, 3, 161), esos "emancipadores políticos" (QJ, Aubier, 113,; MEW, I, 367), que han producido "el estado únicamente político", el " principio político en si mismo" (Cripol., p. 176; MEW, I, 319). A través de la “energía revolucionaria", de la "conciencia intelectual de su valor" y de la "significación general negativa asociada a la nobleza y al clero" (Cridr., MEW, I, 389,; Aubier, p. 93) los "hombres del Terror" (SF) han producido una "realidad abstracta": la "voluntad" como encarnación del "principio de la política", del "principio del Estado" (Críticas marginales...; MEW, I, 402,; trad. apud Grandjonc, Marx et les communistes allemands à París, Maspero, 1794, p. 154). Parece, anota Marx siguiendo a Hegel, que el mundo marcha sobre la cabeza; los Jacobinos han tratado de realizar una "ilusión de óptica", la inversión entre el fin (la sociedad civil-burguesa) y el medio (la vida política) de la emancipación burguesa. Marx califica de " enigma de orden psicológico y teórico" (QJ, 113,; MEW, I, 367), esta "genialidad que exalta la fuerza material en relación con el poder político (Cridr.). Entre "1793 y 1794 en Francia", el " Terror" es este "momento de entusiasmo" en el que se sacrifica la sociedad burguesa a una "concepción antigua de la vida política" (SF, p. 149; MEW, 2, 130). La vida política entra "en contradicción violenta con sus propias condiciones de existencia, declarando la revolución en estado permanente", (QJ, Albura, 81; MEW, I, 357). Una "ilusión trágica" es puesta en práctica por hombres que van a la guillotina porque han emprendido una batalla" contra la sociedad burguesa" proclamando el carácter sagrado de los principios de esta sociedad, en los derechos del hombre, (SF, p. 148 ; 129). Se comprende por qué Marx trataba en 1844, de escribir una Historia de la Convención, la asamblea revolucionaria que fue " la cima de la energía política y del poder político" y del que se puede decir que hizo de la Revolución francesa "el período clásico de la inteligencia política" ( Cr. marginales., cit. Ibíd.). Pero sólo en la búsqueda de una estrategia de lucha de clases frente a los acontecimientos de 1848, Engels y Marx asociarán lo que debería ser el "terreno revolucionario" con las categorías históricas jacobinas. Los dirigentes comunistas oponen a la conquista" revolucionaria" del "terreno jurídico" por parte de la burguesía conservadora, "revolución sin revolución" (Robespierre), el "título jurídico del pueblo revolucionario", un "contrato social" (Rousseau) concluido entre el pueblo y la revolución (NGRh, II, pp. 234-235; MEW, 6, 112. La referencia a 1793 se convertirá en una referencia clásica de la tradición marxista. La Revolución francesa es, junto con la Revolución inglesa, la "revolución de estilo europeo"; ha permitido "el triunfo de la burguesía y de un nuevo sistema social" (NGRh, II, p. 229; MEW, 6, 107) la "coincidencia de la revolución de un pueblo y de la emancipación de una clase particular". Así son registradas las características de toda lucha antifeudal hasta el final: un "movimiento popular" que instaura, en la Convención, la "gran lucha apasionada de los partidos" y que actualiza el "derecho de las masas populares democráticas de actuar moralmente, mediante su presencia, sobre el comportamiento de asambleas constituyentes", (NGRh., II, P. 33; MEW, 5, 40) - el "Terror", "método plebeyo de acabar con los enemigos de la burguesía". Características de las que carecieron los nuevos los acontecimientos históricos, muy en particular la ausencia del portavoz. Las revoluciones europeas de 1848 solo pretenden engendrar una nueva generación de los diputados liberales del tipo de los de 1789 (los juristas renanos liberales de la asamblea nacional prusiana) y "socialistas con espíritu de sistema", “pedantes de la vieja tradición revolucionaria de 1793" (“el partido" republicano francés; NGRh, I, p. 181, y II, p. 85; MEW, 5, 133-134 y 448). 1793, episodio histórico trágico, es reeditado bajo la forma de farsa, de "conquistas tragi-cómicas”. Se trata de un desplazamiento fundamental: el referente jacobino ha perdido su capacidad de aferrar la realidad concreta, de ser la necesidad histórica del momento.

Corresponde a Lenin haber traducido la voluntad jacobina de transformación en una estrategia revolucionaria de conquista de poder. Para él, un posicionamiento crítico se caracteriza según el criterio de la concreción jacobina. En ¿Qué hacer?, a propósito de la utilización en las polémicas entre social-demócratas de la historia de la escisión de la burguesía revolucionaria francesa entre la Montaña y la Gironda, Lenin enuncia la única pregunta legítima para su presente histórico: "¿Quién se coloca en el terreno de la lucha de clase del proletariado?". Es así es como el socialdemócrata revolucionario se corresponde con Jacobino, por estar "ligado indisolublemente a la organización del proletariado, consciente de sus intereses de clase" (O., 7, p. 399). La “Revolución democrática burguesa tipo 1789" ha permitido " la organización autónoma del proletariado" (O., 8, “¿Revolución estilo 1789 o estilo 1848?”). La Convención es la "dictadura de las capas inferiores del proletariado y de la pequeña burguesía" (O., II, p. 51), estas capas "inferiores" durante "los breves períodos de su hegemonía" han ejercido "una influencia decisiva en relación con el grado de democracia de la que debía gozar el país durante las decenas de años de evolución “calmada” que siguieron" (O., 17, "Verdades antiguas, pero siempre nuevas”). El recuerdo del "espíritu de 1793" establece "correspondencias", "parecidos", "analogías históricas", pero no se trata de copiar a los Jacobinos o de identificarse con ellos: "El ejemplo de los Jacobinos es rico de enseñanzas. No ha envejecido, pero es preciso aplicarlo a la clase revolucionaria del siglo XX" (O. 25, " Quienes son los enemigos del pueblo”, junio de 1917; también p. 123-125).

En resumen: de la tradición marxista se desprende una enseñanza que Gramsci concretará en su análisis del jacobinismo como saber político, como primera manifestación histórica de la política como ciencia autónoma. Arriesguemos una hipótesis: la relación del jacobinismo con el aspecto político de la tradición marxista no es otra que la traducción dialéctica del principio de igualdad. "La conciencia que un hombre tiene de otro hombre en tanto que su igual y el comportamiento del hombre con respecto a otro hombre como su igual" (SF, p. 50; MEW, 2, 40-41) son una subjetividad en acto, una política práctica traducible en una estrategia de lucha de las clases. A este propósito, Lenin subraya ciertos aspectos de un paso de La Sagrada Familia (O. 38, p. 25) : "Que M. Edgar compare por un instante la “égalité » francesa con la “conciencia de sí” alemana, y si se dará cuenta de que el segundo principio expresa en alemán, es decir en el pensamiento abstracto, lo que el primero dice a la francesa, es decir en la lengua de la política y del pensamiento intuitivo". Gramsci comenta, en diversas ocasiones, este "análisis del lenguaje jacobino", en torno al hecho de que el "lenguaje jurídico-político de los Jacobinos y los conceptos de la filosofía clásica alemana" son " paralelos y traducibles en un sentido y en el otro" (QDC, p. 2028) en los siguientes términos: "Este paso de La Sagrada Familia es muy importante para comprender uno de los aspectos de la filosofía de la praxis, para encontrar la solución a numerosas contradicciones aparentes del desarrollo histórico, y para contestar a algunas objeciones superficiales dirigidas contra esta teoría historiográfica (también es útil para luchar contra algunas abstracciones mecanicistas)" (GT., p. 230).

  • BIBLIOGRAFIA.- J. BRUHAT, La révolution française et la formation de la pensée de Marx, Annales Historiques de la Révolution Française, nº 184, 1966 ; C. BUCI-GLUCKSMANN, Gramsci et l’état, Fayard, 1975 ; B. CONEIN, Le style du Prince et la politique jacobine dans les Cahiers de Prison, Actes du Colloque Gramsci ( Nanterre, Paris X, janvier, 1978) ; Auguste CORNU, Karl Marx’s Stellung zur Französischen Revolution und zu Robespierre ( 1843-1845), in Maximilien Robespierre, hrsg. W. MARKOV, Berlin, 1961 ; V. DALINE, Lénine et le jacobinisme, Annales Historiques de la Révolution Française, nº 203, 1971 ; J.GUILHAUMOU, Le cas français dans les Cahiers de prison : Révolution permanente et appareil d’hégémonie, actes du Colloque Gramsci ; J.GUILHAUMOU, Hégémonie et jacobinisme dans les Cahiers de prison : Gramsci et le jacobinisme historique, Cahiers d’Histoire de l’Institut Maurice-Thorez, nº 32-33, 1979 ; G. LABICA, De l’égalité, Dialectiques, nº 1-2, 1973 ; V.I. LÉNINE, o., 8, 483 ( Engels est qualifié de « vrai jacobin de la social-démocratie ») ; 24-123 ; C.MAZAURIC, Jacobinisme et révolution, Paris, ES, 1984 ; H.PORTELLI, Jacobinisme et anti-jacobinisme de Gramsci, Dialectiques, nº 4-5, 1975 ; E. SCHMITT et M. MEYM, Ursprung und Character der Französischen Revolution bei Marx und Engels, in Vom Ancien Regime zur Französischen Revolution, Göttingen 1978.
  • Entradas del Dictionnaire Critique du Marxisme relacionadas con ésta.- Dictature du prolétariat ( pp. 323-332, Etienne Balibar) ; Égalité ( pp. 379-382, Jean-françois Corallo con participación de Georges Labica) ; Gramscisme ( pp. 509-514, Christine Guci Gluksmann) ; Hégémonie ( pp. 532-538, Christine Guci Gluksmann) ; Révolution française ( pp.1011-1012, Jacques Guilhaumou ; Social-démocratie (pp. 1052-1056, Hugues Portelli) ; Terrorisme ( pp. 1140-1142, Gerges Labica).

Abreviaturas

MEW Marx-Engels Werke. Berlín, Dietz-Verlag, 39 vol.

ES Éditions sociales, Paris.

O. Lénine, Œuvres, Moscou-Paris, 47 vol.

Cridr. Introduction de 1843 de KM

IA Idéologie Allemande

NRGh. La nouvelle gazette rhénane, KM/FE

SF La Sainte Famille

QJ La question juive

QP Cahiers de Prison, Gallimard, AG.

QDC Quaderni del Carcere, AG.

GT Gramsci dans le texte, AG.

(Traducción Joaquin Miras y Joan Tafalla)


[1] N. del T: En la edición de Grijalbo Pueblos unidos es p. 664 y lo que escribe Guilhaumou consta como subtítulo; el título es “La sociedad burguesa y la revolución comunista, y su último apartado entendería la democracia –“derecho de sufragio” como la abolición del estado y la sociedad burguesa, algo así como no prescindir de la política y reabsorberla en la sociedad civil.]

dissabte, 29 d’agost del 2009

Dos materials de Jacques Guilhaumou per a un anàlisi del llenguatge de la revolució francesa

La langue politique et la Révolution française. De l’événement à la raison linguistique. Ouvrage publié avec le concours du Centre national des Lettres. PARIS : MERIDIENS KLINCKSIECK, 1989, 212 pp. Collection : Librairie du bicentenaire de la Révolution française.

Encara que el llibre és de l’any 1989, ha esdevingut un clàssic de l’anàlisi de la llengua política de la revolució francesa. La novetat consisteix en que podeu trobar-lo sencer a la següent adreça per baixar el llibre:

http://classiques.uqac.ca/contemporains/guilhaumou_jacques/guilhaumou_jacques.html


També podeu trobar el text d’un article de l’autor : “La langue politique et la Révolution
française”, publicat a la revista
Langage & Société, no 113, septembre 2005, pp. 63-92. Numero titulat: “Le politique en usages, 14e-19e siècles”. Paris: Les Éditions de la Maison des sciences de l’homme. Adreça per a baixar l’article :

http://classiques.uqac.ca/contemporains/guilhaumou_jacques/langue_pol_et_revol_fr/langue_pol_et_revol_fr.html

La plana web “Les classiques des sciences sociales” és una completíssima biblioteca de clàssics de les ciències socials, fundada i dirigida per Jean-Marie Tremblay, sociòleg, fundador Tremblay és professor a la universitat de Quebec a Chicoutimi. Adreça general de la plana :

http://classiques.uqac.ca/

Jacobinisme


Jacques Guilhaumou

Dictionnaire Critique du marxisme. Bensussan-Labica, Paris, Quadrigue/ Presses Universitaires de France, 1999. Première édition, 1982, pp. 622-626.

N’est pas légitime d’attribuer à Antonio Gramsci l’originalité d’une interrogation sur le jacobinisme, « au sens intégral de cette notion a eu historiquement et doit avoir comme concept » (Gr. ds le texte- GT_, p. 245) ? Tout se passerait comme si les autres « classiques du marxisme » parlaient français en politique sans jamais se préoccuper, à titre particulier, du concept de jacobinisme. Les travaux les plus récents en ce domaine peuvent se prêter à une telle interprétation, et pourtant il s’agit d’une fausse piste. En ce sens que la voie ainsi emprunté cache l’histoire complexe de la référence de la Révolution française dans la tradition marxiste et le mouvement ouvrier ; qu’on s’interdit, de même, d’expliquer la filiation théorique Terreur (Marx), Hégémonie de peuple ( Lénine) , Jacobinisme ( Gramsci) ; qu’on ne rend pas raison de l’enjeu de la posture jacobine dans l’analyse des situations : la désignation du mouvement historique réel.

La traduction du concept de jacobinisme atteint son maximum d’efficace dans les Cahiers de prison, mais jamais sous la forme d’une analyse dissociée de la question Révolution française. Ce qui est en travail dans les textes de Gramsci, c’est l’ensemble des énoncés sur l’expérience révolutionnaire française parsemés dans les écrits philosophiques et historiques de Marx. Le dirigeant communiste italien tente de développer l’un des projets du jeune Marx (« La Révolution française : histoire de la naissance de l’État moderne », IA, p. 602 ; MEV, 3, 537) dans une étude sur le « rapport historique entre l’État moderne français né de la Révolution et les autres États modernes de l’Europe continentale » ( Cahiers de Prison, Gallimard, t.1, p. 156). Il compare la voie révolutionnaire imposée par « l’appareil terroriste français », appareil d’hégémonie dominé par les appareils politiques démocratiques ( du club aux sections), au modèle de formation des États modernes au XIXe siècle, la « révolution passive ». Il définit la stratégie de révolution permanente en référence aux événements qui se déroulent en France de 1789 à 1870. (GT, p. 494). Il associe la « force jacobine » à la création ex nihilo d’ « une volonté collective nationale-populaire » (GT, p. 425). Le travail auquel se livre Gramsci ne prétend pas restituer le cheminement complexe de la pensée de Marx sur le cas français, il s’agit plutôt, en amplifiant l’analyse de la tradition marxiste du rapport des Jacobins à la société civile, du « Parti jacobin » à l’État moderne ( Quaderni del Carcere, p. 2010), de mettre en relief les concepts stratégiques de révolution permanente et de « nationale-populaire jacobin» ( concept « d’hégémonie politique », d’ « alliance entre les bourgeois-intellectuels et le peuple » QDC, p. 1914).

Suivons donc dans les textes de Marx et d’Engels, l’émergence des catégories historiques jacobines. Très tôt, Marx est fasciné par l’action des « héros de la Révolution française », par les figures tragiques de Robespierre et Saint-just : ces « porte paroles de la masse » (SF, p. 144 et s. ; MEW, 2, 125 et s.), « authentiques représentants des forces révolutionnaires, c’est-à-dire dela seule classe authentiquement révolutionnaire: la « masse innombrable » ( IA, p. 204 ; MEW, 3, 161) – ces « émancipateurs politiques » ( QJ, Aubier, 113 ; MEW, I, 367) qui ont produit « l’État seulement politique », le « principe politique lui-même » ( Cripol., p. 176 ; MEW, I, 319). Par l’ « énergie révolutionnaire », la « conscience intellectuelle de leur valeur » et « la signification générale négative associée à la noblesse et au clergé » ( Cridr., MEW, I, 389 ; Aubier, p. 93), les « hommes de la Terreur » (SF) ont produit une « réalité abstraite » : la « volonté » comme incarnation du « principe de la politique », du « principe de l’État » ( Critiques au marge… ; MEW, I, 402 ; trad. apud Grandjonc, Marx et les communistes allemands à Paris, Maspero, 1794, p. 154). Il semble, note Marx après Hegel, que le monde marche sur la tête ; les Jacobins ont tenté de réaliser une « illusion d’optique », l’inversion du but ( la société civile-bourgeoise) et du moyen ( la vie politique) de l’émancipation bourgeoise. Marx qualifie d’ « énigme d’ordre psychologique et théorique » ( QJ, 113 ; MEW, I, 367) cette « génialité qui exalte la force matérielle en vue du pouvoir politique » (Cridr.). De « 1793 à 1794 » en France », la « Terreur » est ce « moment d’enthousiasme » où l’on sacrifie la société bourgeoise à une « conception antique de la vie politique » ( SF, p. 149 ; MEW, 2, 130). La vie politique entre « en contradiction violente avec ses propres conditions d’existence, en déclarant la révolution à l’état permanent » (QJ, Aubier, 81 ; MEW, I, 357). Une « illusion tragique » est mise en pratique par des hommes qui vont à la guillotine parce qu’ils ont mené bataille « contre la société bourgeoise » tout en proclamant, dans les droits de l’homme, le caractère sacré des principes de cette société (SF, p. 148 ; 129). On comprend pourquoi Marx envisageait, en 1844, d’écrire une Histoire de la Convention, cette assemblée révolutionnaire qui fut « le maximum de l’énergie politique et de la puissance politique » et dont peut dire qu’elle fit de la Révolution française « la période classique de l’intelligence politique » ( Cr.en marge…, cit. ibid). Mais ce n’est que dans la recherche d’une stratégie de lutte de classes face aux événements de 1848 que Engels et Marx vont associer ce que devrait être le « terrain révolutionnaire » aux catégories historiques jacobines. Les dirigeants communistes opposent à la conquête « révolutionnaire » du « térrain juridique » par la bourgeoisie conservatrice, « révolution sans révolution » (Robespierre), le « titre juridique du peuple révolutionnaire », un « contrat social » (Rousseau) conclu entre le peuple et la révolution (NGRh, II, P. 234-235 ; MEW, 6, 112). La référence à 1793 va devenir un classique de la tradition marxiste. La Révolution française est, avec la Révolution anglaise, la « révolution de style européen » ; elle a permis « le triomphe de la bourgeoisie et d’un nouveau système social »(NGRh, II, p. 229 ; MEW, 6, 107), la « coïncidence de la révolution d’un peuple et de l’émancipation d’une classe particulière ». Ainsi sont attestées les caractéristiques de toute lutte antiféodale menée jusqu’au bout : un « mouvement populaire » qui instaure, dans un « Convention », la « grande lutte passionnée des partis » et qui actualise le « droit des masses populaires démocratiques d’agir moralement, par leur présence, sur le comportement d’assemblées constituantes » 8NGRh., II, p. 33 ; MEW, 5, 406)- la « Terreur », « méthode plébéienne d’en finir avec les ennemis de la bourgeoisie ». Toutes caractéristiques, et sur-tout le porte-parole, qui manquent à l’appel des événements. Les révolutions européennes de 1848 ne vont engendrer qu’une nouvelle génération de parlementaires libéraux du type de 1789 ( les juristes rhénans libéraux de l’Assemblée nationale prussienne) et des « socialistes à l’esprit de système », des pédants de la vielle tradition révolutionnaire de 1793 » ( le « parti » républicain français ; NGRh, I, p. 181, et II, p. 85 ; MEW, 5, 133-134 et 448). 1793, épisode historique tragique, est réédité dans les formes de farce, de « conquêtes tragi-comiques ». Le déplacement est fondamental : la référence jacobine a perdu son rôle de désignation du réel, de la nécessité historique du moment.

Il revient à Lénine d’avoir traduit la volonté jacobine de transformation dans une stratégie révolutionnaire de conquête de pouvoir. Chez lui une posture critique est déterminée par le concret jacobin. Dans Que faire ?, à propos de l’utilisation dans les polémiques entre sociaux-démocrates su clivage Montagne-Gironde au sein de la bourgeoisie révolutionnaire française, il énonce la seule question légitime dans le moment historique : « Qui se place sur le terrain de la lutte de classe du prolétariat ? » C’est ainsi que le social-démocrate révolutionnaire correspond au Jacobin, « lié indissolublement à l’organisation du prolétariat, conscient de ses intérêts de classe » ( O., 7, p. 399). La Révolution démocratique bourgeoise su type 1789 » a permis « l’organisation autonome du prolétariat » ( O., 8, Révolution du type de 1789 ou du type de 1848 ? »). La Convention est la « dictature des couches inférieures du prolétariat et de la petite bourgeoisie » ( O., II, p. 51), ces couches « inférieures » durant « de brèves périodes de leur hégémonie » ont exercé « une influence décisive sur le degré de démocratie dont devait jouir le pays durant les dizaines d’année d’évolution dite calme qui suivirent » (O., 17, « Vérités anciennes, mais toujours nouvelles »). Le rappel de « l’esprit de 1793 » établit des « correspondances », des « ressemblances », des « analogies historiques », mais il ne s’agit pas de copier les Jacobins ou de s’y identifier : « L’exemple des Jacobins est riche d’enseignements. Il n’a pas vieilli, mais il faut l’appliquer à la classe révolutionnaire du XXe siècle » (O. 25, « Sur les ennemis du peuple », juin 1917 ; aussi p. 123-125).

En résumé : un enseignement se dégage de la tradition marxiste que Gramsci va spécifier dans une analyse du jacobinisme comme savoir politique, première manifestation historique de la politique comme science autonome. Risquons une hypothèse : le rapport du jacobinisme au moment politique de la tradition marxiste n’est autre que la traduction dialectique du principe d’égalité. « La conscience qu’un homme a d’un autre homme comme étant son égal et le comportement de l’homme à l’égard d’un autre homme comme vis-à-vis de son égal » (SF, p. 50 ; MEW, 2, 40-41) sont une subjectivité en acte, une politique pratique traduisibles dans une stratégie de lutte des classes. A ce propos, Lénine souligne de trois traits un passage de La Sainte Famille ( O., 38, p. 25) : « Que M. Edgar veuille bien comparer un instant l’égalité française avec la conscience de soi allemande, et s’il s’apercevra que le second principe exprime à l’allemande, c’est-à-dire dans la pensée abstraite, ce que le premier dit a la française, c’est-à-dire dans la langue de la politique et de la pensée intuitive ». Gramsci commente, à diverses reprises, cette « analyse du langage jacobin », autour du fait que le « langage juridico-politique des Jacobins et les concepts de la philosophie classique allemande » soient « parallèles et traduisibles dans un sens et dans l’autre » (QDC, p. 2028), dans les termes suivants : « Ce passage de La Sainte Famille est très important pour comprendre quelques-uns des aspects de la philosophie de la praxis, pour trouver la solution de nombreuses contradictions apparentes du développement historique, et pour répondre à quelques objections superficielles dirigées contre cette théorie historiographique ( il est utile aussi pour combattre quelques abstractions mécanistes) » (GT., p. 230)

  • BIBLIOGRAPHIE.- J. BRUHAT, La révolution française et la formation de la pensée de Marx, Annales Historiques de la Révolution Française, nº 184, 1966 ; C. BUCI-GLUCKSMANN, Gramsci et l’état, Fayard, 1975 ; B. CONEIN, Le style du Prince et la politique jacobine dans les Cahiers de Prison, Actes du Colloque Gramsci ( Nanterre, Paris X, janvier, 1978) ; Auguste CORNU, Karl Marx’s Stellung zur Französischen Revolution und zu Robespierre ( 1843-1845), in Maximilien Robespierre, hrsg. W. MARKOV, Berlin, 1961 ; V. DALINE, Lénine et le jacobinisme, Annales Historiques de la Révolution Française, nº 203, 1971 ; J.GUILHAUMOU, Le cas français dans les Cahiers de prison : Révolution permanente et appareil d’hégémonie, actes du Colloque Gramsci ; J.GUILHAUMOU, Hégémonie et jacobinisme dans les Cahiers de prison : Gramsci et le jacobinisme historique, Cahiers d’Histoire de l’Institut Maurice-Thorez, nº 32-33, 1979 ; G. LABICA, De l’égalité, Dialectiques, nº 1-2, 1973 ; V.I. LÉNINE, o., 8, 483 ( Engels est qualifié de « vrai jacobin de la social-démocratie ») ; 24-123 ; C.MAZAURIC, Jacobinisme et révolution, Paris, ES, 1984 ; H.PORTELLI, Jacobinisme et anti-jacobinisme de Gramsci, Dialectiques, nº 4-5, 1975 ; E. SCHMITT et M. MEYM, Ursprung und Character der Französischen Revolution bei Marx und Engels, in Vom Ancien Regime zur Französischen Revolution, Göttingen 1978.
  • CORRÉLATS.- Dictature du prolétariat, Égalité, Gramscisme, Hégémonie, Révolution française, Social-démocratie, Terrorisme.

Abreviaturas

MEW Marx-Engels Werke. Berlín, Dietz-Verlag, 39 vol.

ES Éditions sociales, Paris.

O. Lénine, Œuvres, Moscou-Paris, 47 vol.

Cridr. Introduction de 1843 de KM

IA Idéologie Allemande

NRGh. La nouvelle gazette rhénane, KM/FE

SF La Sainte Famille

QJ La question juive

QP Cahiers de Prison, Gallimard, AG.

QDC Quaderni del Carcere, AG.

GT Gramsci dans le texte, AG.