Pàgines

Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Karl Marx. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Karl Marx. Mostrar tots els missatges

diumenge, 21 de maig del 2023

Entrevista que m'han fet els companys de "Voces en Lucha"

El passat 31 de gener de 2023 els amics de l'equip de "Voces en Lucha" em varen fer aquesta entrevista.

Ells, presenten l'entrevista d'aquesta manera:
 
" Entrevista completa al historiador y militante comunista Joan Tafalla. Conversamos sobre la vigencia del marxismo, pensamiento de Gramsci, revolución pasiva, organización popular, procés catalán, papel de los Estados en el capitalismo, relación de los obreros con la patria y otras cuestiones con el pensador marxista catalán". 
 
S'esperen comentaris, crítiques i aportacions.
 

 
Post-data: Es nota que alguns joves veuen que em faig vell i em volen entrevistar abans de que m'entri l'Alzheimer o me'n vagi a l'altre barri 😅.

dimarts, 25 d’abril del 2023

"El proletariado podrá alcanzar su liberación solo si lucha unido sin la distinción de sexo" Clara Zetkin (1896)

Eleanor Marx

 

Notas sobre un discurso de Clara Zetkin, por Eleanor Marx.

Con motivo de la publicación de un libro con diversos escritos de Eleanor Marx, en Jacobin lat publican como adelante uno de sus artículos, sobre un discurso de Clara Zetkin.

 Font: https://jacobinlat.com/2022/


Eleanor Marx

Traducción: Angelo Narváez León

Eleanor Marx no se reduce al espectro del padre. Versátil y prolífica, escritora y militante socialista, fue una de las primeras pensadoras del feminismo marxista en pleno apogeo del sufragismo

El siguiente artículo es adelanto del libro ¡Siempre adelante! Escritos y cartas, 1866-1897 (Banda Propia, 2022), una selección de textos de Eleanor Marx hasta ahora inéditos en castellano. Fue publicado originalmente en Justice, el 7 de noviembre, 1896.


 

 

El debate sobre la Frauenagitation (es decir, la propaganda entre las mujeres) referido la semana anterior es interesante por muchas razones. Para comenzar, los aspectos teóricos de esta cuestión tan contenciosa sobre las mujeres, como también sus aspectos puramente prácticos, fueron tratados por Clara Zetkin de manera más acabada y adecuada que en ningún otro congreso socialista nacional o internacional. No hubo estúpidas bromas añejas ni otros absurdos, otra prueba de que cuando los y las trabajadoras discuten sus asuntos no hay cabida para lo que nuestro amigo Sanial llama «malezas de la clase media».

Clara Zetkin fue la encargada sobre este asunto, y el valor de su reporte resulta evidente por el hecho de que el Congreso decidió imprimirlo como panfleto. Si no me equivoco, esta es la primera vez que un Congreso socialdemócrata alemán haya decidido algo de este tipo. Frau Zetkin, que comenzó con una cita de Engels, «en la familia el hombre es el burgués, y la mujer representa al proletariado», continuó mostrando cómo el asunto de la mujer en la acepción actual del término era imposible en los tiempos precapitalistas. En las familias antiguas la actividad productiva, en ningún caso pequeña o degradada, era de las mujeres, y debido a que la mujer era productora, la desigualdad social no pesaba sobre ella, aun cuando las condiciones de su existencia pudieran haber tenido una influencia estrecha: «El periodo del Renacimiento fue un momento de tormenta y tensión en el nacimiento de la personalidad individual en el sentido moderno… y, en esos días de gigantes, encontramos a las mujeres como el anclaje de la vida social, artística y política. Sin embargo, no hay rastros de un movimiento de mujeres. Esto es aún más notable porque mientras se desmantelaba la familia, miles de mujeres debieron encontrar provisiones para ellas mismas por fuera de la vida familiar… pero en ese momento, las mujeres fueron provistas por conventos, monasterios y órdenes religiosas. Entonces la maquinaria, los métodos de producción modernos, minaron la producción doméstica y, más que algunas miles, millones de mujeres se encontraron de frente con el problema de la supervivencia económica, social, mental… debieron buscar fuera del hogar el sustento económico y mental, y así comenzó el movimiento de mujeres. Algunas cifras demuestran cómo las condiciones económicas fomentan este movimiento: en 1882, de los veintitrés millones de mujeres en Alemania, cinco y medio eran trabajadores; es decir que casi un cuarto no podía encontrar soporte dentro de la familia. Desde entonces, solo en el trabajo agrario el porcentaje de mujeres trabajadoras ha crecido un ocho por ciento; mientras que el crecimiento de los hombres fue de un cuatro por ciento. En la industria y la minería, el empleo femenino aumentó un treinta y cinco por ciento; y en el comercio, más de un noventa y cuatro por ciento; en los hombres, un treinta y ocho por ciento. Estas simples figuras hablan más enfáticamente de la necesidad de resolver el asunto de la mujer que cualquier declamación elocuente». [1]

Sobre al asunto de la mujer como tal, Clara Zetkin continuó mostrando que solo podía encontrarse en las clases que son producto de la producción capitalista. «Hay un asunto de la mujer para el proletariado, la clase media y educada, y la clase alta. La mujer del Upper ten puede desarrollar su propia individualidad gracias a su propiedad.[2] Aunque, como esposa, todavía depende del hombre… Lo que el capital ha reunido, la moral sentimental no lo separará. De modo que la moralidad del matrimonio puede invocarse como dos prostituciones equivalentes a una virtud». Luego, después de una brillante descripción de las esposas, madres y mujeres del Upper ten, Frau Zetkin avanzó hasta la mujer pequeña y promedio de la clase media. Aquí está la verdadera lucha contra los hombres. Aquí la mujer educada, doctora, funcionaria o abogada es la antagonista del hombre. Las mujeres de esta clase están enfermas por la subyugación moral e intelectual. Son figuras como Nora, que se rebelan contra las casas de muñecas.[3] Desean vivir sus propias vidas, y en cuanto tal, «económica e intelectualmente, las demandas de las mujeres de clase media están plenamente justificadas».

La mujer proletaria es, finalmente, arrojada al vórtice de la producción capitalista porque es barato comprarla. Sin embargo, su posición no es puramente reaccionaria, es también revolucionaria. Comienza esperando traer algo de ayuda para evitar la miseria de la familia; pero se ve forzada a traerle a su familia una miseria mayor. La maquinaría remplaza el músculo y las mujeres se vuelven cooperativas con los hombres…«así la mujer proletaria ha ganado independencia… ¡aunque realmente ha pagado el precio!… si el hombre tiene —me refiero a la ley bávara— el derecho a “castigar ocasionalmente con un golpe a la mujer”, el capitalismo ha desollado a la mujer con escorpiones… Esa es la razón por la que la mujer proletaria no puede ser como la mujer burguesa que tiene que luchar contra el hombre de su misma clase… las objeciones del hombre burgués a los derechos de las mujeres son un asunto exclusivamente de competencia… por el contrario, con la mujer proletaria es una lucha de la mujer con el hombre de su propia clase contra la clase capitalista. No tiene necesidad de luchar contra el hombre de su clase para derribar las barreras que la excluyen de la libre competencia. La avaricia del capital y el desarrollo de la industria moderna la han aliviado de esta lucha… para ella, por el contrario, es necesario construir nuevas barreras contra la explotación de la mujer proletaria y asegurar sus derechos como esposa y madre. Su finalidad y propósito no son la libre competencia con el hombre, sino la obtención del poder político del proletariado. Por supuesto que la mujer trabajadora aprueba las demandas del movimiento de mujeres de la clase media… pero solo como un medio para el fin en que ella puede estar completamente armada para entrar en la lucha de la clase trabajadora junto con el hombre de su clase».

Después de un análisis más que admirable de la posición de la mujer trabajadora, tan ingeniosa como minuciosa, Clara Zetkin concluyó resaltando que la propaganda sistemática entre las mujeres (entre las mujeres trabajadoras) supone una necesidad absoluta del movimiento proletario.[4] Discutió los diversos medios prácticos para la mejor realización de la propaganda, y terminó su brillante discurso —que espero se publique de manera íntegra en Inglaterra— de esta manera:

«Solo una sociedad socialista puede resolver el conflicto provocado hoy por la actividad económica de las mujeres. Cuando la familia como unidad económica desaparezca para que surja como una unidad social, la mujer será igual al hombre produciendo y esforzándose codo a codo con él; será su camarada, ambos vivirán sus vidas como seres humanos; también entonces será liberada para cumplir sus deberes como esposa y madre. En la sociedad del Nuevo Helenismo le será posible dar forma a su vida como un todo armónico, para realizarse artísticamente. Y esta sociedad se expandirá por el mundo; no se fundará sobre la esclavitud de los hombres, porque se levantará sobre la esclavitud del hierro y el acero; tendrá a las fuerzas de la naturaleza en su puesto de control. Claro, los socialdemócratas marchan: pero solo cuando las masas de mujeres estén con ellos les será posible decir ¡el pueblo está con nosotros, la victoria es nuestra!».

El resultado de este discurso se evidencia por el hecho de que el Congreso exigió de manera unánime su publicación como panfleto.


Notas

 

[1] Clara Zetkin pronunció este discurso el 16 de octubre de 1896 en el Congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania celebrado en Gotha. El discurso tenía como finalidad generar un programa que se diferenciara explícitamente de la Bund Deutscher Frauenvereine (Federación de Asociaciones de Mujeres Alemanas). En 1894, Zetkin había publicado en Gleichheit (Igualdad) un artículo titulado «Reinliche Scheidung» («Separación tajante»), donde distinguía entre el Arbeiterinnenbewegung (movimiento de mujeres trabajadoras), y las bürgerlichen Frauenrechtelei (sufragistas burguesas) alemanas. Bajo la conducción de Zetkin, Luise Zietz y Ottilie Baader, el Arbeiterinnenbewegung del spd pasó de 4.000 a 174.754 militantes entre 1905 y 1914. Gleichheit, el periódico editado por Zetkin, aumentó su tiraje de 23.000 a 124.000 copias en el mismo periodo.

[2] Upper Ten Thousand es una frase acuñada en 1844 por el poeta estadounidense Nathaniel Parker Willis para referirse a los diez mil habitantes más ricos de Nueva York. El escritor William Thackeray popularizó la frase en Inglaterra con su novela Las aventuras de Philip (1861).

[3] La frase del discurso de Zetkin dice, «es precisamente entre estos estratos donde encontramos a estas trágicas, pero psicológicamente interesantes figuras de Nora, mujeres que están cansadas de vivir como adornos en casas de muñecas y que quieren participar en el desarrollo de la cultura moderna. Los esfuerzos económicos, así como intelectuales y morales de los defensores de los derechos de las mujeres burguesas están completamente justificados».

[4]  Dijo Zetkin, «la propaganda entre las mujeres es difícil y onerosa y requiere una gran devoción y un gran sacrificio, pero estos sacrificios serán recompensados y deben llevarse a cabo. El proletariado podrá alcanzar su liberación solo si lucha junto sin la diferencia de nacionalidad y profesión. De la misma manera, solo puede alcanzar su liberación si permanece unido sin la distinción de sexo».



 



 









diumenge, 10 de maig del 2020

¿TIENEN PATRIA, LOS OBREROS?

Cracovia
Se suele citar la frase del Manifiesto del Partido comunista (1848) que dice: “Los obreros no tienen patria”,[1] como si resumiera el pensamiento de Marx respecto del hecho nacional. 

Sin embargo, esta frase no es una desiderata predicada “… tal o cual reformador del mundo”[2] sobre un “deber ser” de la clase obrera. Por el contrario para Marx i Engels, “Los postulados teóricos del comunismo… solo son expresiones generales de los hechos reales de la lucha de clases existente, de un movimiento histórico que transcurre ante nuestros ojos”.

Así pues, la afirmación del Manifiesto Comunista: “los obreros no tienen patria” no hace más que describir una situación de hecho: la expropiación, la alienación sufrida por el proletariado que era y es excluido de la ciudadanía, que es un ilota, un meteco o, peor, un esclavo en la polis. 

Cabe recordar aquí que en el contexto de la democracia revolucionaria de 1848, en la estela de la Gran Revolución francesa, se entendía la patria como el conjunto de los ciudadanos libres e iguales. Ni un territorio ni una raza. Nada que ver con la patria nacionalista y mucho menos fascista.


Para interpretar el sentido de la frase basta leer el párrafo donde se inscribe:

“También se ha reprochado a los comunistas que querían abolir la patria, la nacionalidad. 
Los obreros no tienen patria. No es posible quitarles lo que no tienen. Puesto que el proletariado aún debe conquistar en primer término, la hegemonía política, elevarse a clase nacional, constituirse a sí mismo en cuanto nación, aún es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido que le da burguesía.
Las segregaciones y contradicciones nacionales de los pueblos desaparecen cada vez más ya con el propio desarrollo de la burguesía, con la libertad de comercio, con el mercado mundial, la uniformidad de la producción industrial y las condiciones de vida correspondientes a ellos.
La hegemonía del proletariado las hará desaparecer aún más. La acción unificada, al menos en los países civilizados, es una de las condiciones primordiales de su liberación. En la misma medida que se deroga la explotación de un individuo por otro, se deroga la explotación de una nación por otra. 
Con la desaparición de las contradicciones de las clases en el seno interno de la nación, desaparecerá la posición hostil de las naciones entre sí”.[3]

Quien cite a Marx como argumento de autoridad debería hacerlo mediante: “… un trabajo filológico minucioso y realizado con el máximo escrúpulo de exactitud, de honradez científica, de lealtad intelectual, de ausencia de todo pre-juicio y apriorismo o toma de partido”, como pedía Gramsci.[4]

Citar la frase "Los obreros no tienen patria" arrancada de su contexto es mentir. Una mentira que se hacer normalmente en pro de un nacionalismo de estado,  negador de las naciones oprimidas. Un nacionalismo de estado opresor que, sin embargo se disfraza de cosmopolitismo o de supuesto internacionalismo.


La dialéctica clase-nación aplicada al caso de Polonia, en 1848.

Retrato de Marx en el bistrot La Maison du Cygne, en Bruselas.
Hoy quiero añadir otro elemento de prueba a esta cuestión de la relación entre la clase obrera de la nación. El 22 de febrero de 1848 la Sociedad Democrática de Bruselas celebró un mitin en ocasión del segundo aniversario del levantamiento de Cracovia de 1846. Eran los días en que Marx acababa de redactar el Manifiesto Comunista que habían concebido él y Engels. Hubo diversos discursos entre ellos, uno de Marx y otro de Engels. 

Éste último dijo: 

“¡Comparen ustedes 1830 con 1846, comparen ustedes Varsovia con Cracovia! En 1830 la clase dominante de Polonia era tan egoísta, limitada y cobarde con la corporación legislativa, como dispuesta, entusiasta y valiente en el campo de batalla. (…) Digámoslo francamente: el levantamiento de 1830 no fue ni una revolución nacional (ya que excluyó a las tres cuartas partes de Polonia), ni una revolución social o política; en nada modificó la situación interna del pueblo; se trató de una revolución conservadora”. 

Engels decía, sin embargo, que en el seno de dicha revolución conservadora hubo un sector democrático, encabezado por Lelewel que : “… pretendía convertir la causa nacional en la causa de la libertad, quería identificar los intereses de todos los pueblos con los del pueblo polaco”. Pero la aristocracia rechazó los planteamientos de Lelewel y ello originó la derrota de 1830. 

Cuando la aristocracia dirige la lucha nacional, ésta es derrotada. Pero no todo el movimiento de liberación nacional era una masa reaccionaria. En su seno puede surgir, como surgió en Polonia un sector democrático, que plantee la cuestión del campesinado y que de al movimiento de liberación nacional un carácter internacionalista. En este caso, el sector encabezado por Lewelel.

En cambio, en 1846, en Cracovia: “… la gente ya no tenía mucho que perder. Allí no hubo aristócratas; allí, cada paso que se emprendía, llevaba el sello de esa audacia democrática – casi diría proletaria- que no tiene nada que perder salvo su miseria y, sí toda una patria, todo un mundo por ganar. No hubo allí vacilaciones ni reparos; se atacó al mismo tiempo a las tres potencias; se proclamó la libertad de los campesinos, la reforma agraria, la emancipación de los judíos, sin preocuparse siquiera por un instante si con ello podían lesionarse tales o cuales intereses aristocráticos.”[6]

Sin duda Marx i Engels tenían en la cabeza el caso de Cracovia cuando escribían en el Manifiesto : “Puesto que el proletariado aún debe conquistar en primer término, la hegemonía política, elevarse a clase nacional, constituirse a sí mismo en cuanto nación, aún es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido que le da burguesía”.[7]

Engels explicaba como, por mor de esa diferencia de clase, la lucha de los polacos se había  transformado en la lucha de todos los demócratas europeos: “ Si, señores míos, gracias al Levantamiento de Cracovia, la causa originalmente nacional de Polonia se ha convertido en la causa de todos los pueblos, la cuestión originaria de la simpatía se ha convertido en una cuestión que interesa a todos los demócratas. Hasta 1846 debíamos vengar un crimen; a partir de ahora debemos prestar apoyo a nuestros aliados, y obraremos en consecuencia… la alianza de ambos países no es solamente, en modo alguno, un hermoso sueño, una seductora ilusión; no señores, es una necesidad inexcusable, que emana de los intereses comunes de ambas naciones y que se ha convertido en una necesidad en virtud de la revolución de Cracovia.”

Hermosa constatación de cómo, para Marx y Engels, la existencia de un movimiento de liberación nacional de una nación oprimida es la condición de la verdadera solidaridad internacionalista. 

Teniendo en cuenta lo dicho, no es difícil entender que el apartado IV del Manifiesto del Partido Comunista dedicado a la Posición de los comunistas frente a los diversos partidos opositores, escrito a finales de 1847 e inicios de 1848, afirme: “Entre los polacos, los comunistas apoyan al partido que establece la revolución agraria como condición de la liberación nacional, el mismo que suscitó la insurrección de Cracovia de 1846”.[8]

Imagen de la insurrección de la república libre de Cracovia (1846)
De una lectura atenta y avisada tanto del Manifiesto del Partido Comunista, como de los discursos de Marx y de Engels en defensa de la liberación nacional de Polonia, se desprende como mienten aquellos supuestos cosmopolitas o internacionalistas abstractos, que disfrazan su nacionalismo de estado mutilando un párrafo y aislando de su contexto la frase del Manifiesto Comunista "los obreros no tienen patria".


[1] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto del Partido Comunista in Obras de Marx y Engels (OME) nº 9, Barcelona-Buenos Aires-México, Crítica-Grupo Editorial Grijalbo, 1978, pp. 154-155. 
[2] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto…, ob.cit., p. 150.
[3] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto, ob.cit., pp. 154-155.
[4] Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel,  Cuaderno 16 (XXII), 1933.1934, Puebla, Editorial Era,  1999,  p. 284.
[6] Federico Engels, Discurso pronunciado en la celebración recordatoria en Bruselas, celebrada el 22 febrero 1848 en ocasión del segundo aniversario del levantamiento de Cracovia de 1846, in OME 9, ob. cit., pp. 203-206. 
[7] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto …, loc.cit.
[8] Marx Engels, Manifiesto… ob. cit., p. 168.

dijous, 22 d’agost del 2019

Karl Marx: "únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que está hundida y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases" ( 1845)


1845
Karl Marx & Friedrich Engels
La ideología alemana
Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas.

Traducción al castellano de Wenceslao Roces. Primera edición en castellano : 1968 , Ediciones Pueblos Unidos (Montevideo). La paginación entre paréntesis que figura al final de cada cita se corresponde a la quinta edición en castellano: Ediciones Pueblos Unidos (Montevideo) y Ediciones Grijalbo S.A. ( Barcelona), 1974, 686 páginas.

Contexto: 

La ideología alemana constituye un paso muy importante en la elaboración de la concepción del mundo que nos proponen Marx y Engels.

En 1845 ambos autores habían dado grandes pasos adelante en el desarrollo de su concepción del mundo. Engels había publicado ya su obra “La situación de la clase obrera en Inglaterra” ( Barmen, 1845). Marx había escrito ya sus “Manuscritos de Paris” (1844).

En la primavera de 1845 Marx y Engels se encontraron en Bruselas y decidieron según Engels: “… elaborar en detalle y en las más diversas direcciones la nueva concepción que acababa de ser descubierta”. 

Unos años más tarde (1859) Marx escribió en Londres el prólogo a su “Contribución de la crítica de la economía política”.  En este prólogo Marx resume los hallazgos logrados por ambos, en la construcción de su concepción del mundo a la altura de 1845. Según él, ambos pretendían: “… desentrañar conjuntamente  el antagonismo entre nuestra concepción y la concepción ideológica de la filosofía alemana y en realidad, ajustar cuentas con nuestra conciencia filosófica anterior. Y el propósito se llevó a cabo bajo la forma de una crítica de la filosofía post-hegeliana”. 

Por diversas razones este trabajo conjunto no llegó a publicarse y el manuscrito, según cuenta Marx fue confiado a: “… la crítica roedora de los ratones, muy de buen grado, pues nuestro objetivo; esclarecer nuestras propias ideas, estaba ya conseguido”. [ Karl Marx, Prólogo de la “Contribución a la crítica de la Economía Política”, Obras escogidas de Marx y Engels en tres tomos, Moscú, Editorial Progreso, 1973, p. 519]

 “La ideología alemana” no sólo fue abandonado “ a los ratones” por Marx y Engels. Tras su muerte no fue publicado por la socialdemocracia alemana. La primera edición se produjo en Moscú en 1932 en el volumen V de la Primera Sección de la edición histórico-critica de las  Obras Completas, escritos y cartas de Marx y Engels (MEGA).

La selección de textos que se ofrece a continuación recoge solamente las referencias a la cuestión nacional y deben ser leídas, como el resto de los textos que se proponen en este dossier, como un anillo más de la cadena de desarrollo del pensamiento marxiano en relación al tema.

Edición italiana: Editori Riuniti, Roma, 1972.

“Las relaciones entre unas naciones y otras dependen de la extensión en que cada una de ellas haya desarrollado sus fuerzas productivas, la división del trabajo y el intercambio interior. Es éste un hecho generalmente reconocido. Pero, no sólo las relaciones entre una nación y otra, sino también toda la estructura interna de cada nación depende del grado de desarrollo de su producción y de su intercambio interior y exterior. Hasta dónde se han desarrollado las fuerzas productivas de una nación lo indica del modo más palpable el grado hasta el cual se ha desarrollado en ella la división del trabajo. Toda nueva fuerza productiva, cuando se trata de una simple extensión cuantitativa de fuerzas productivas ya conocidas con anterioridad ( como ocurre, por ejemplo, con la roturación de las tierras) trae como consecuencia un nuevo desarrollo de la división del trabajo.
La división del trabajo dentro de una nación se traduce, ante todo, en la separación del trabajo industrial y comercial con respecto al trabajo agrícola y, con ello, en la separación de la ciudad y del campo y en la contradicción de intereses entre una y otro.”( p. 20)

“De donde se desprende que todas las luchas que se libran dentro del Estado, la lucha entre la democracia, la aristocracia y la monarquía, la lucha por el derecho al sufragio, etc., no son sino las formas ilusorias bajo las que se ventilan las luchas reales entre las diversas clases (…). Y se desprende, asimismo, que toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque ésta, como ocurre en el caso del proletariado, condiciones en absoluto la abolición de toda forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general, tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar su interés como el interés general, cosa a que en el primer momento se ve obligada” (p. 35)



“Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente. Por lo demás, la masa de los simples obreros – de la fuerza de trabajo excluida en masa del capital o de cualquier satisfacción, por limitada que sea – y, por tanto, la pérdida no puramente temporal de este mismo trabajo como fuente segura de vida, presupone, a través de la competencia, el mercado mundial. Por tanto, el proletariado sólo puede existir en un plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos directamente vinculada a la historia universal.
La forma de intercambio condicionada por las fuerzas de producción existentes en todas las fases históricas anteriores y que, a su vez, las condiciona es la sociedad civil, que como se desprende de lo anteriormente expuesto, tiene como premisa y como fundamento la familia simple y la familia compuesta, lo que suele llamarse la tribu, y cuya naturaleza queda precisada en páginas anteriores. Ya ello revela que esta sociedad civil es el verdadero hogar y escenario de toda la historia y cuán absurda resulta la concepción histórica anterior que, haciendo caso omiso de las relaciones reales, sólo mira, con su limitación, a las acciones resonantes de los jefes y del Estado. La sociedad civil abarca todo el intercambio material de los individuos, en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas. Abarca, toda la vida comercial e industrial de una fase y, en este sentido, trasciende de los límites del Estado y de la nación, si bien, por otra parte, tiene necesariamente que hacerse valer al exterior como nacionalidad y vista hacia el interior como Estado. El término sociedad civil apareció en el siglo XVIII, cuando las relaciones de propiedad se habían desprendido de los marcos de la comunidad antigua y medieval. La sociedad civil en cuanto tal sólo se desarrolla con la burguesía; sin embargo, la organización social se desarrolla directamente basándose en la producción y el intercambio, y que forma en todas las épocas la base del Estado y de toda supra-estructura idealista, se ha designado siempre con el mismo nombre.” (pp. 37-38)

Edición cubana, La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1982.

“Cuanto más vayan extendiéndose, en el curso de esta evolución, los círculos concretos que influyen los unos en los otros, cuanto más vaya viéndose el primitivo aislamiento de las diversas nacionalidades destruido por el desarrollo del modo de producción, del intercambio y de la división del trabajo que ello hace surgir por vía natural entre las diversas naciones, tanto más va la historia convirtiéndose en historia universal, y así vemos que cuando, por ejemplo, se inventa hoy una máquina en Inglaterra, son lanzados a la calle incontables obreros en la India y en China y se estremece toda la forma de existencia de estos países, lo que quiere decir que aquella invención constituye un hecho histórico-universal; y vemos también cómo el azúcar y el café demuestran en el siglo XIX su significación histórico-universal por cuanto la escasez de estos productos, provocada por el sistema continental napoleónico, incitó a los alemanes a sublevarse contra Napoleón, estableciéndose con ello la base real para las gloriosas guerras de independencia de 1813. De donde se desprende que esta transformación de la historia en historia universal no constituye, ni mucho menos, un simple hecho abstracto de la “autoconciencia”, del espíritu universal o de cualquier otro espectro metafísico, sino un hecho perfectamente material y empíricamente comprobable, del que puede ofrecernos un testimonio probatorio cualquier individuo, con sólo marchar por la calle y detenerse, comer, beber y vestirse.
Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en toros términos, la clase que ejerce el poder materialen la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritualdominante. La clase que tiene a su disposición los medios de producción material dispone con ello, el mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales concebidas como ideas; por tanto las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominantes son también las que confieren el papel dominante e sus ideas: los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan en tono a ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulen la producción y la distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean, por ello mismo, las ideas dominantes de su época.” (pp. 50-51)

“ La burguesía misma comienza a desarrollarse poco a poco con sus condiciones, se escinde luego, bajo la acción de la división del trabajo, en diferentes fracciones y, por último absorbe a todas las clases poseedores con que se había encontrado al nacer ( al paso que hace que la mayoría de la clase desposeída con que se encuentra y una parte de la clase poseedora anterior se desarrollen para formar una nueva clase, el proletariado), en la medida en que la propiedad anterior se convierte en capital industrial o comercial. Los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues por lo demás ellos mismos se enfrentan unos con otros, hostilmente, en el plano de la competencia. Y, de otra parte, la clase se sustantiva, a su vez, frente a los individuos que la forman, de tal modo que éstos se encuentran ya con sus condiciones de vida predestinadas, por así decirlo; se encuentran con que la clase les asigna su posición en la vida y, con ello, la trayectoria de su desarrollo personal; se ven absorbidos por ella. Es el mismo fenómeno que el de la absorción de los diferentes individuos por la división del trabajo, y para eliminarlo no hay otro camino que la abolición de la propiedad privada y del trabajo mismo. (pp. 60-61)

Edición portuguesa, 2004.

“La gran industria crea por doquier, en general, las mismas relaciones entre las clases de la sociedad, destruyendo con ello el carácter propio y peculiar de las distintas nacionalidades. Finalmente, mientras que la burguesía de cada nación sigue manteniendo sus intereses nacionales aparte, la gran industria ha creado una clase que en todas las naciones se mueve por el mismo interés y en la que ha quedado ya destruida toda nacionalidad; una clase que se ha desentendido realmente del todo viejo mundo y que, al mismo tiempo, se enfrenta a él. Ella hace imposible al obrero no sólo la relación con el capitalista, sino incluso la relación con el mismo trabajo.
Huelga decir que la gran industria no alcanza el mismo nivel de desarrollo en todas y cada una de las localidades del país. Sin embargo, esto no detiene el movimiento de clase del proletariado, ya que los proletarios engendrados por la gran industria se ponen a la cabeza de este movimiento y arrastran consigo a toda la masa, y puesto que los obreros eliminados por la gran industria se ven empujados por ésta a una situación de vida aun peor que la de los obreros de la gran industria misma. Y del mismo modo, los países en que se ha desarrollado una gran industria influyen sobre los países plus ou moins no industriales en la medida en que éstos se ven impulsados por el intercambio mundial a la lucha universal por la competencia. 
La competencia aísla a los individuos, no sólo a los burgueses, sino más aún a los proletarios, enfrentándoles a unos con otros, a pesar que los aglutine. De aquí que tenga que pasar largo tiempo antes de que estos individuos puedan agruparse, aparte de que para esta agrupación – si la misma no ha de ser puramente local- tiene que empezar por ofrecer la gran industria los medios necesarios, las grandes ciudades industriales y los medios de comunicación rápidos y baratos, razón por la cual sólo es posible vencer tras largas luchas a cualquier poder organizado que se enfrente a estos individuos aislados y que viven en condiciones que reproducen diariamente su aislamiento. Pedir lo contrario sería tanto como pedir que la competencia no existiera en esta determinada época histórica o que los individuos se quitaran de la cabeza aquellas relaciones sobre las que, como individuos aislados no tienen el menor control”. (pp. 69-70)

Edición uruguaya, Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos, 1968.

"Resumiendo, obtenemos de la concepción de la historia que dejamos expuesta los siguientes resultados: 1.º En el desarrollo de las fuerzas productivas, se llega a una fase en la que surgen fuerzas productivas y medios de intercambio que, bajo las relaciones existentes, sólo pueden ser fuente de males, que no son ya tales fuerzas de producción, sino más bien fuerzas de destrucción ( maquinaria y dinero); y lo que se halla íntimamente relacionado con ello surge una clase condenada a soportar todos los inconvenientes de la sociedad sin gozar de sus ventajas, que se ve expulsada de la sociedad y obligada a colocarse en las más resuelta contraposición a todas las demás clases; una clase que forma la mayoría de todos los miembros de la sociedad y de la que nace la conciencia de que es necesaria una revolución radical, la conciencia comunista, conciencia que, naturalmente, puede llegar a formarse también entre las otras clases, al contemplar la posición en que se halla colocada ésta; 2.º que las condiciones en pueden emplearse determinadas fuerzas de producción son las condiciones de la dominación de una determinada clase en la sociedad, cuyo poder social, emanado de su riqueza, encuentra su expresión idealista- práctica en la forma de Estado imperante en cada caso, razón por la cual toda clase revolucionaria está necesariamente dirigida contra una clase, la que hasta ahora domina; 3.º que todas las anteriores revoluciones dejaron intacto el modo de actividad y sólo trataban de lograr otra distribución de esta actividad, una nueva distribución del trabajo entre las personas, al paso que la revolución comunista está dirigida contra el modo anterior de actividad, elimina el trabajo y suprime la dominación de las clases al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la disolución de todas las clases, nacionalidades, etc., dentro de la actual sociedad; y 4.º que tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante la revolución; y que, por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que está hundida y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases. ( pp. 81-82)".

Edición española reciente. Madrid, Editorial Akal, 2014.