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dijous, 25 d’abril del 2013

Luciano Canfora: Què és la democracia?



Maestri & Compagni entrevista a Luciano Canfora per afrontar una de les questions més ambigües i controvertides: Què és la democràcia?. Projecte a càrrec de Paolo Granata i de Roberto Pierri. Video de Davide Maria Marucci.

Luciano Canfora: Che cos'è la democrazia?





Notes de lectura meves sobre Luciano Canfora a La Carmagnole: 

Notas de un lector impaciente: Luciano Canfora y la democracia.




Exportar la libertad por Luciano Canfora




Presentació mancada del llibre LA storia falsa:

Usos y abusos de la historia:


dilluns, 27 de juny del 2011

Notas de un lector impaciente: Luciano Canfora y la democracia.


Joan Tafalla

La necesidad de retomar la tradición democrática frente al vaciamiento de sus contenidos por parte del liberalismo se transformó desde mediados de los años noventa del siglo pasado en una tarea imperiosa. La ofensiva neoliberal en curso desde los años de Reagan y Tatcher se desarrollaba impulsada por la caída de los regímenes post-estalinistas. El neo- liberalismo alejaba progresivamente el imperium de los espacios de soberanía ( precarios e insuficientes, pero reales) conquistados tras la derrota mundial del fascismo y del nazismo en 1945. El neoliberalismo rampante, destruía los estados nacionales, destruía los espacios de ejercicio de soberanía y trasladaba el imperium brutalmente hacía los verdaderos centros de poder: empresas transnacionales, FMI, BM, USA, Unión Europea, Banco Europeo... La izquierda institucional se dividía entre los partidarios acérrimos de ese proceso ( cómplices ciegos de su propia autodestrucción: ) o el despiste atávico de los herederos del eurocomunismo y el oportunismo tous azimuts de Los Verdes tipo Fisher o Cohn-Bendit.

La urgencia de reabrir ese dossier fue anunciada en España por un libro publicado por Joaquín Miras a principios de la década pasada, titulado Repensar la política, refundar la izquierda[1] cuyo subtítulo es un verdadero programa intelectual y moral: Historia y desarrollo de la tradición de la democracia. Un programa intelectual y moral que discurre por la vía trazada por Arthur Rosenberg[2], Georg Luckacs[3] y Antonio Gramsci.

Partiendo de estos y otros autores, Miras sostiene que una concepción de la democracia como movimiento de las clases populares en lucha con la oligarquía del dinero, en lugar de ver en ella un régimen político basado en la representación mediada de la soberanía popular. El carácter democrático de cualquier movimiento o institución proviene más de su sustancia o carácter de clase que de los procedimientos. Con Aristóteles afirmaría: “... en lo que diferencian la democracia y la oligarquía entre si es en la pobreza y la riqueza; y necesariamente, donde gobiernen por dinero, ya sean menos o más, ese régimen será oligarquía y, donde los pobres, democracia, pero suele ocurrir, como dijimos, que aquellos son pocos y estos muchos[4]. Interesa recordar aquí que Aristóteles no era precisamente un demócrata, lo que confiere a su análisis un valor importante: esta frase no se puede inscribir en el discurso de la retórica “democrática”, si no en el realismo del que acepta sin más la existencia de la lucha de clases.

Pero no pretendo aquí hacer una exégesis de la obra de Miras. Los amables lectores de esta nota pueden leerla y juzgar de su utilidad usando sus propias gafas. Lo que me interesa aquí es publicar unas notas de lectura de otro autor que, procediendo del mismo mundo intelectual de Miras ha tratado durante la última década el tema de la democracia, aportando un discurso crítico de los regímenes autodenominados democráticos de gran interés.

Canfora no siempre coincide con Miras en la urgencia y la viabilidad de recuperar la venerable tradición de la democracia al servicio de un proyecto de emancipación social. Sin embargo, los cuatro libros sucesivos: Crítica de la retórica democrática[5], La democracia. Historia de una ideología[6] , Exportar la libertad[7], y el aún no publicado en España, La natura del potere[8] constituyen un recorrido insoslayable para cualquiera que se plantee esta problemática.

Crítica de la retórica democrática

En Crítica de la retórica democrática Canfora admite sin mayores discusiones la teoría de élites formulada a finales del siglo XIX y principios del XX por Gaetano Mosca[9] y por Robert Michels[10]. Aún aceptando que la tendencia a la burocratización y a la conversión en casta apartada del pueblo de la mayoría de las organizaciones que se reclaman de la tradición de la izquierda hace imprescindible la lectura de ambos autores para ser comprendida, no creo que la solución a los problemas de la democracia y del socialismo provenga del conservadurismo y del pragmatismo que propugna esa escuela. Vale aquí aludir al aforismo sobre la necesidad de combinar el pesimismo de la inteligencia ( análisis realista y conforme a datos de la evolución de los diversos regímenes y partidos que se reclaman de la democracia y del socialismo) y el optimismo de la voluntad ( necesidad ineludible de retomar la tradición democrática para poder retomar alguna vez la tradición socialista).

En nombre de un saludable realismo analítico crítico del discurso ideológico y de la retórica encubridora de los reales mecanismos de dominación, de las democracias occidentales, Canfora acepta como inevitable el aristotélico sistema mixto. Coincido con él: el carácter real de muchos de los sistemas políticos que se auto-denominan “democráticos” sin serlo, es realmente mixto: monarquía, oligarquía y democracia combinados. De ahí a aceptar resignadamente esta realidad hay un gran paso que yo, no estoy dispuesto a dar.

En el largo periodo de avance democrático abierto en 1789, numerosas reivindicaciones democrático-populares han debido ser aceptadas por la oligarquía tras dura pugna con los sectores populares para, a continuación, ser vaciadas de sustancia y reconvertidas en instrumento de refuerzo de la hegemonía oligárquica. Esa es la realidad palpable. Esa es la realidad que Canfora denuncia. Sin embargo, es no es el único camino posible. No hay motivo para pensar que sea imposible un régimen de democracia tout court ni para pensar que las élites siempre secuestrarán la soberanía popular.

Canfora llama a testimonio a favor de su adhesión a la teoría de élites la crítica del sistema parlamentario presente en los Quadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci y concretamente en el <§> 30 del cuaderno 13 titulado: El número y la cualidad en los regímenes representativos. En ese parágrafo Gramci critica la crítica oligárquica de los regímenes parlamentarios como regímenes de mayorías numéricas efectuada desde las posiciones de la revista Critica Fascista. Gramsci se burla de la banalidades usadas por la crítica oligárquica del parlamentarismo. Lo que le parece una crítica substantiva en cambio es la realidad de que en esos regímenes no todos los votos sean iguales y, que: “el consenso numérico es sistemáticamente falsificado por el influjo de la riqueza [11]. La crítica gramsciana no se refiere al sufragio universal, si no a su falsificación sistemática en los regímenes parlamentarios. El párrafo de Gramsci acaba con un elogio de un sistema de una democracia sovietista ideal que, leído en su textualidad no se puede ni debe confundir con el sistema soviético realmente existente en los años en que Gramsci escribía este cuaderno ( 1932-1934) ni mucho menos con los años posteriores. Una democracia de consejos que, de ser conocida, no andaría muy lejos de la actual reivindicación de Democracia Real ¡Ya!

La democracia. Historia de una ideología

Crítica de la retórica democrática es un primer esbozo de La democracia, Historia de una ideología obra mayor de Canfora donde trata de dar una visión de conjunto de la historia de la tradición democrática. La democracia... proporciona una critica muy competente de la ideología democrática dominante. Aunque quizás sea de notar la ausencia de una delimitación más precisa entre la idea de democracia de la constitución francesa de 1793, o de la práctica democrática de la Comuna de Paris, con respecto de los regímenes liberales representativos tipo Tercera república francesa que se constituyen como forma de consolidar la hegemonía de la nueva clase dominante. Una hegemonía que no se había podido consolidar durante los casi ochenta años que median entre 1795 y 1871, en que Francia vio desfilar diversos regímenes: la restauración, las revoluciones de 1830 y 1848 el interludio cesarista y el último coletazo de la democracia popular en 1871. Que la tercera república y los regímenes que se le parecen usen la palabra democracia integrándola en su discurso justificativo no debe hacernos perder el norte: la democracia y el liberalismo son regímenes diversos.

La democracia... fue censurado su editor en Alemania por atreverse explicar que la “democrática” República federal alemana de Konrad Adenauer se edificó sobre la base de un pacto entre la Democracia Cristiana y los USA por una parte y numerosos cuadros políticos y militares procedentes y participantes en el Tercer Reich. El documentadísimo capítulo dedicado a Alemania llevó al editor alemán a la no publicación de un libro contratado y que fue calificado por algún historiador de pago, como panfleto comunista[12].

Como digo, La democracia... supone un esfuerzo monumental por parte de Canfora de hacer una historia de lo que llama “ideología democrática” desde su primera aparición en Grecia hasta las primeras revoluciones europeas que se plantearon el problema del sufragio universal. En ella se reitera el uso de la teoría de élites para criticar el sistema parlamentario. De esa crítica elitista, Canfora deduce en diversos pasos la inviabilidad de la democracia. Canfora considera que en un sistema mixto en que la democracia debe convivir y limitar sus excesos con instituciones oligárquicas ( sean un sistema parlamentario, o un régimen de partido único), o incluso monárquicas ( sean en la forma de presidencialismos o cesarismos progresivos). Sin embargo, Canfora da pasos adelante muy considerables en relación con el libro anterior: empieza oponer liberalismo y democracia. En las partes del libro donde Canfora percibe mejor esa distinción, el rescate de la tradición democrática aparece como única alternativa y deja de ser solamente como ideología. Véase por ejemplo, su contundente crítica de la Constitución europea: “... ha vencido la libertad – en el mundo rico – con todas las terribles consecuencias que ello comporta y comportará para los demás. La democracia queda aplazada hasta un nuevo mañana en que será objeto de una nueva reflexión por parte de otros hombres. Tal vez ya no europeos[13]. Es de desear que nuevas obras de Canfora sobre la democracia vengan a corroborar y a afianzar esa distinción analítica y normativa.

Exportar la libertad

Exportar la libertad[14] pareció dar pasos consistentes en esa dirección. El libro muestra la impresionante capacidad de Canfora para inducir tendencias históricas manejando con suma solvencia hechos tan lejanos los unos de los otros como puedan ser:

  • la intervención de Luis Napoleón ( aún presidente de la segunda república) en defensa del Papa Pío IX contra la república romana de Mazzini y Garibaldi en 1849;
  • la utilización de la consigna “libertad para los griegos” alternativamente por parte de Esparta y Atenas durante la guerra del Peloponeso ( 431-404 a.c.), durante las guerras médicas ( 478 a.c.); en la guerra de Atenas contra Samos ( 441-440 a.c.); o el rol de esa misma consigna de la libertad para los griegos en el juego geopolítico entre Inglaterra, el imperio austro-húngaro, Francia y el imperio otomano durante el siglo XIX en los Balcanes o,
  • la analogía que establece entre revolución húngara de 1956, y la represión ateniense ante la insurrección de Samos frente Atenas;
  • la no intervención de las potencias democráticas a favor de la república y contra el franquismo tanto durante la guerra civil española, así como al final de la segunda guerra mundial.

En esa misma clave Canfora examina brevemente la historia de la URSS y de los países del Este de Europa entre 1945 y 1991, entendida como “... la historia de la gestión, la crisis y la dilapidación del capital de prestigio obtenida por “haber llevado la libertad” a Europa[15].

En todas estas obras encontrará el amable lector una constante de la obra de Canfora: la alusión a realidades de la antigüedad parangonables a las actuales. El uso de la analogía es un instrumento útil de inducción de tendencias históricas de fondo. La historia comparada es un buen instrumento de conocimiento de la realidad. Sin embargo fue Luckacs quien en una ocasión donde usaba la analogía para hacer prognosis política, nos avisó de los peligros inherentes a la analogía: “Comprendo que no se deben estirar las analogías y que las analogías no se resuelven en paralelismos, pero me imagino que usted comprenderá a qué me refiero cuando digo que hemos de tener conciencia clara de que nos encontramos en los comienzos de un período nuevo[16].

Cuando la historia comparada y la acumulación de analogías se realiza por parte de autor con obra tan sólida y con un conocimiento exhaustivo de los hechos tanto de la antigüedad como de la contemporaneidad, sus observaciones y reflexiones no pueden por menos que estimular nuestra reflexión. El rol de las continuidades culturales y de la longue durée por encima ( o quizás mejor: por debajo) de las rupturas revolucionarias esta muy presente en la obra de Canfora, como se ve percibe en algunos apartados del libro que el lector tiene entre sus manos y del resto de la obra canforiana. Particularmente ilustrativa de esta longue durée es el anexo de Exportar la libertad: dos documentos cuyas continuidades son sumamente reveladoras a pesar de proceder de culturas y de tiempos muy diferentes: el motu propio de Pio IX de 1949 y la profecía del ayatollah Jomeini en su carta a Gorbachov el 1 de enero de 1989.

Canfora concluye Exportar la libertad del siguiente tenor: “Antaño se dio, y se escribió, que la alternativa al socialismo era “la barbarie”. A lo mejor estamos llegando a este punto[17]. Diagnóstico, pronóstico o preocupación que comparto plenamente. A los historiadores les está vetado, en el ejercicio de su profesión proponer terapias. Pero cualquier ciudadano que lea ese libro puede deducirlas por su cuenta y riesgo.

La naturaleza del poder

El último libro de Canfora dedicado a la temática del régimen político democrático se titula La natura del potere[18] y aún no cuenta con editor en español. El tema tocado por el libro queda inmediatamente de manifiesto: “... ¿como sucede que las varias voluntades de los individuos confluyan en opciones que dan la sensación de ser opciones colectivas? ¿Quién consigue unificar las infinitas voluntades? ¿ Y con qué medios? Es el circuito gobernantes-gobernados; cuya representación holográfica es la de la democracia representativa y del mecanismo electivo-parlamentario, pero cuya realidad es la conquista del imperium, o sea, del poder[19].

Las categorías que Canfora trae a colación para acercarse al tema del poder son diversas: empecemos por la de jefe. La problemática del jefe ocupará bastante espacio en La natura del potere[20]. Se trata en definitiva de un viejo tema del debate socialista de principios del siglo XX que tenía como tema el papel del individuo en la historia. Canfora traerá de nuevo como testimonio de su posición a Gramsci. En el artículo titulado Jefe[21], publicado en l’ Ordine Nuovo el 1 de marzo de 1924, tras la muerte de Lenin sucedida el 21 de enero del mismo año, Gramsci hacía algo más que un simple homenaje a Lenin, si no que polemizaba con sectores del socialismo italiano vinculados a la tercera internacional pero no miembros del partido comunista que criticaban la personalización de la política. En el artículo, Gramsci, critica a los socialistas que reclaman la dictadura del proletariado pero rechazan la dictadura de los jefes, por no aceptar que ésta es “la única forma en que esta es históricamente posible”. Esta frase de Gramsci ha sido mal interpretada en numerosas ocasiones.

Es preciso recordar que este artículo está escrito antes de que Gramsci elabore con mayor matización las vías de la revolución en Occidente y su concepto de hegemonía entendida como la compleja relación existente en el interior del binomio dirección o consenso vs. dominación o coerción. Sin embargo, el artículo de Gramsci no puede ni debe ser utilizado como justificación del estalinismo. La posición gramsciana, que defiende el rol de Lenin como jefe, es clarísima: “ En la cuestión de la dictadura proletaria el problema esencial no es el de la personalización física de la función de mando. El problema esencial consiste en la naturaleza de las relaciones de los jefes o el jefe tengan con el partido de la clase obrera, y de las relaciones que existan entre ese partido y la clase obrera”[22].

El mismo artículo citado por Canfora hace una durísima contraposición entre Lenin jefe de una “dictadura del proletariado expansiva y no represiva” que reconstruye la sociedad rusa en descomposición debido al desastre de la Gran Guerra y de la guerra civil y el Mussolini cuya “... doctrina está enteramente contenida en la máscara física, en el rodar de los ojos en las órbitas, en el puño siempre dispuesto a la amenaza...”[23]. Quizás podemos suponer que algún adelantado de la tesis de la identidad entre bolchevismo y fascismo (tan corriente en los últimos años) estaba en el punto de mira del artículo. Me parece claro que el pesimismo de la inteligencia gramsciano con respecto a la existencia o a la necesidad de los jefes consiste simplemente en considerarlos inevitables en tanto que fruto de la realidad y del atraso cultural de las masas obreras, no tanto como algo deseable o acorde con los principios defendidos. Hay diversos pasos de los Cuadernos y de la Cartas de la cárcel donde Gramsci se extiende sobre este problema, pero no los puedo aducir aquí: serían motivo de otro estudio.

El siguiente concepto que Canfora aborda en su inchiesta sobre la naturaleza del poder será la de cesarismo y, más específicamente la del gramsciano cesarismo progresivo. No debería sorprendernos esta preocupación por el tema del cesarismo en un autor como Canfora que ha dedicado a Julio César un interesantísimo libro[24]. Para Canfora el bonapartismo no es simplemente una monarquía, si no una forma de poder carismático-militar que aparece cuando la situación es inestable y parece imprescindible una figura que haga de arbitro entre las clases en lucha: “No es superfluo añadir, al respecto, que también el tirano, antes de convertirse en la antitesis, en el opuesto, de la politeia y, por tanto, de la democracia, había sido el mediador ( filo-popular) en los conflictos sin salida de la Grecia del siglo VI ac.”[25]

l A este respecto me parece relevante la atención prestada por Napoleón en Santa Elena a la figura no sólo militar, si no política de Julio César. Analizando esta cuestión, Canfora nos muestra una interesante continuidad entre el pensamiento político de Napoleón y la férrea ley michelsiana de la oligarquía traída de la mano del comentario de aquél a las guerras de Julio César: “En los pueblos y en las revoluciones la aristocracia existe siempre: destruidla en la nobleza, ella se sitúa prontamente en las casas ricas y potentes del tercer estado; destruidla en éstas, y subsiste en los jefes de taller y del pueblo[26]. El realismo bonapartista, que no deja de ser una demostración de cinismo por parte de un ex -jacobino, es aducido por Canfora para justificar históricamente la necesidad de la clase política o de la élite que secuestra la soberanía del pueblo. Sin embargo, a mi, lejos de parecerme una prueba de nada me parece un argumento de parte.

Otro de los conceptos en que se apoyará la Canfora será la crítica maquiaveliana a la figura del profeta desarmado. Sin embargo es preciso recordar que Maquiavelo tras afirmar secamente que “...todos los profetas armados tuvieron acierto, y se desagraciaron cuantos estaban desarmados[27], añade que la ruina de Savonarola se debió a que “Cuando la multitud comenzó a no creerle ya inspirado, no tenía el medio alguno para mantener forzadamente en su creencia a los que la perdían, ni para precisar a creer a los que ya no creían”[28]. Lo que a mi modesto entender me parece algo más que una afirmación de la necesidad de la coerción. Me parece un antecedente de la problemática leniniana y gramsciana de la hegemonía entendida como combinación de coerción y consenso.

Canfora muestra que uno de los instrumentos de la conquista y del mantenimiento del poder ha sido históricamente el poder de la palabra. Quien poseía ese don contaba con un instrumento privilegiado para la conquista del poder. “Pero hoy la palabra pública está muerta, sustituida por un potentísimo electrodoméstico. Quien lo posee – por decirlo con De Gasperi- gana las elecciones[29].

Este ligero repaso de la obra de Canfora relativa a los temas de la democracia, de la política y por consiguiente de la lucha por el poder, no puede sustituir un análisis mucho más detenido. No descarto que en un futuro no lejano, una vez acabados algunos trabajillos que tengo reclamando mi atención sobre mi mesa de trabajo, me meta yo en esa camisa de once varas. Sirvan estas notas sólo a modo de aperitivo de un futuro estudio. O sirvan de invitación a otros con mayor preparación que yo, que lo hagan y me ahorren la tarea.

Sea como sea, los cuatro libros de Canfora que he traído a colación en esta nota, están ahí esperando ser leídos por la gente que reivindica democracia en plazas y calles.

( Este artículo, publicado originalmente en La Carmagnole, el día 27 de junio de 2011 puede ser reproducido total o parcialmente, citando siempre el autor y la fuente original del mismo)



[1] MIRAS, Joaquin, Repensar la política, refundar la izquierda, Barcelona, El Viejo Topo, 2002. Se pueden encontrar numerosos trabajos de este autor en que desarrolla aspectos tratados en su libro en http://www.espai-marx.net/ca .

[2] Autor que ha sido reivindicado y presentado de nuevo durante la pasada década España también por Miras). Véase su artículo Artur Rosenberg, un pensador maldito, en la página de Espai Marx: http://www.espai-marx.net/es?id=413.. Se puede encontrar su Historia de la república romana en: http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=300 y su Democracia y Socialismo en: http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=285 .

[3] Léanse particularmente AAVV Conversaciones con Lukács http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=1077 y El hombre y la democracia: http://www.elsarbresdefahrenheit.net/ca/index.php?view_doc=356

[4] ARISTÓTELES, Política, Madrid, Alianza Editorial, 1993, p. 122.

[5] CANFORA, Luciano, La crítica de la retórica democrática, Barcelona, Ed. Crítica, 2002.

[6] CANFORA, Luciano, La democracia. Historia de una ideología, Barcelona, Ed. Crítica, 2004.

[7] CANFORA, Luciano, Exportar la libertad El mito que ha fracasado. Barcelona, Ariel 2007.

[8] CANFORA, Luciano, La natura del potere, Bari, Laterza, 2009.

[9] MOSCA, Gaetano, La clase política, Selección de Norberto Bobbio, México, Fondo de Cultura Económica, 1984.

[10] MICHELS, Robert, Los Partidos políticos : un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna, Buenos Aires : Amorrotu, 1969.

[11] GRAMSCI, Antonio, Quaderni del Carcere, Torino, Einaudi, 1975, Edizione critica dell’Istituto Gramsci, a cura di Valentino Gerratana, pp. 1625.

[12] Véase información más completa en PONTON, Gonzalo, Los fantasmas de la democracia, en las páginas de opinión de El País, edición de lunes 16 de enero de 2006, p. 14.

[13] CANFORA, Luciano, La democracia. Historia de una ideología, ob.cit. p. 289.

[14] Véase una recensión más amplia de este libro en TAFALLA, Joan: Exportar la libertad por Luciano Canfora, http://lacarmagnole.blogspot.com/2011/06/exportat-la-libertad-por-luciano.html

[15] CANFORA, ob.cit., p. 39.

[16] AAVV, Conversaciones con Luckacs, Madrid, Alianza Editorial, 1971. Primera edición en alemán, 1967.

[17] Ob.cit., p. 90.

[18] CANFORA, Luciano, La natura del potere, Bari-Roma, Ed. Laterza, 2009.

[19] CANFORA, Luciano, La natura del potere, ob.cit. p. 19.

[20] CANFORA, Luciano, La natura del potere, ob.cit., todo el capítulo tercero, cuarto, quinto, sexto y, si mi análisis no anda equivocado también el noveno. Un total de 44 sobre 93 páginas de texto.

[21] GRAMSCI, Antonio, Antología, selección y notas de Manuel Sacristán, México D.F., Editorial Siglo XXI, 1970, pp. 149-153. Utilizo la versión española de Manuel Sacristán del texto que, curiosamente no aparece en la Antología Per la verità, Scriti 1913-1926 a cura di Rezo Martinelli, Roma, Editori Riuniti, 1974. Si que aparece En Le opere. La prima antología di tutti gli scritti, a cura di Antonio A. Santucci, Roma, Editori Riuniti, 1997. La selección de escritos de cualquier autor siempre van marcadas por el aire del tiempo.

[22] GRAMSCI, Antonio, Antología, p. 150.

[23] GRAMSCI, Antonio, Antología, p. 153.

[24] CANFORA, Luciano, Julio César: un dictador democrático, Barcelona, Ed. Ariel, 2000.

[25] CANFORA, La natura del potere, ob.cit., p. 31.

[26] BONAPARTE, Napoleón, Précis des Guerres de César, écrti par Marchand, à l’Ile Sainte-Hélène, sous la dictée de l’empereur, Paris, chez Gosselin, libraire-éditeur, 1836, editada en facsímil en Nápoles, ed. Jovene, 1984, con una nota de lectura de Bertrand Hemmerdinger, p. 209. Conviene aquí incluir el texto en francés puesto que la versión en italiano usada por Canfora muestra alguna discrepancia de traducción: “Chez les peuples et ans les révolutions l’aristocratie existe toujours: la détruisez-vous dans la noblesse, elle se place aussitôt dans les maisons riches et puissantes du tires-état; la détruisez-vous dans celle-ci, elle surnage et se réfugie dans les chefs d’ateliers et du peuple”. La discrepancia de traducción no es pequeña: donde Bonaparte dice “les chefs d’ateliers et du peuple », el traductor italiano traduce: “aristocrazia operaia”, Le guerre di Cesare, a cura di A. Paradiso, Salerno-Roma, 2005, p. 135. Cosa que muestra que el ucronismo no es un defecto exclusivo de los historiadores, si no que también puede ser ejercido por traductores poco cuidadosos.

[27] MAQUIAVELO, Nicolás, El príncipe (Comentado por Napoleón Bonaparte), Madrid, Espasa-Calpe, 1984, p. 33.

[28] MAQUIAVELO, Nicolás, El príncipe, ob.cit. p. 34.

[29] CANFORA, Luciano, La natura del potere, ob.cit. p. 73.

dimecres, 8 de juny del 2011

Lettera de Piero Sraffa a Paolo Spriano 18-12-69


ANATEMA! IL PCI CENSURA GRAMSCI

Neanche George Simenon sarebbe stato capace d' inventarsi l' intrigante mistery che abbiamo letto, la settimana scorsa, su alcuni quotidiani. Il giallo comincia venerdì 9 novembre sulle pagine del Manifesto. Luciano Canfora, un filologo classico particolarmente incline alla polemica, commenta il lavoro di Aldo Natoli sulle lettere a Gramsci della cognata Tatiana Schucht (Antigone e il prigioniero, Editori Riuniti). Titolo dell' articolo: Perché non pubblicare tutte le lettere?

Al furore filologico di Canfora non sfugge l' assenza in Appendice al volume di Natoli d' una lettera, pur annunciata, indirizzata nel 1969 da Piero Sraffa a Paolo Spriano. Strano destino d' una lettera lamenta Canfora che pure appare della massima importanza (a stare alle poche frasi finora conosciute): anch' io chiesi al cosiddetto Archivio del partito comunista di consultarla, ne fui dirottato verso Giorgio Napolitano, ma da lui non ebbi mai risposta. Conclusione: Si vede che per leggerla dobbiamo attendere che una nuova ondata, ancora più liberal dell' attuale, investa il partito comunista.

Il giorno successivo, il giallo continua sulle pagine della Stampa. Titolo dell' articolo, Gramsci e il Pci, scontro per una lettera. Intervengono sulla vicenda i tre personaggi coinvolti da Canfora: Giuseppe Vacca, direttore dell' Istituto Gramsci, Giorgio Napolitano e Aldo Natoli (che nel suo libro di quella lettera ha riportato i brani salienti). Tutti e tre si mostrano trasecolati per tanta severità. Soprattutto Napolitano, il quale da Madrid scrive al Manifesto per spiegare che non ha mai posseduto la lettera di Sraffa a Spriano.

Canfora insiste: gli hanno detto all' Istituto Gramsci che la lettera era nelle mani di Napolitano. I sospetti del caparbio filologo sembrano contagiosi. La dietrologia diventa un esercizio obbligato.

Mercurio, dopo qualche indagine, è in grado di sdrammatizzare l' ambiente. Canfora è stato precipitoso nel lanciare anatemi. Scorrendo la breve lettera che nel dicembre del 1969 Spriano ricevette da Sraffa e che qui pubblichiamo, il lettore appassionato della materia la troverà interessante ma non rivelatrice di novità sconvolgenti.

Per comprenderne il contenuto, non sarà inutile sapere che Sraffa, nel ' 37, aveva incontrato a Parigi Mario Montagnana a distanza di trentadue anni lo confonderà, sbagliando, con Grieco o Donini per riferirgli un colloquio con Gramsci piuttosto importante.

Gramsci, infatti, aveva esortato ancora una volta il partito comunista ad aderire all' Assemblea Costituente, l' alleanza di tutte le forze antifasciste: argomento spinoso sul quale Gramsci aveva già rotto, precedentemente, con i detenuti comunisti di Turi. Dopo aver ricordato l' incontro a Parigi con un alto dirigente del Pcd' I, proseguendo nell' informativa per Spriano Sraffa definisce disastri di prim' ordine due iniziative del vertice comunista. Su questi due disastri si possono fare le congetture più diverse, includendovi la famigerata lettera di Grieco a Gramsci del ' 28, lettera con la quale si sottolineava apertamente il ruolo di primo piano svolto nel Pcd' I dal destinatario, detenuto politico in attesa di processo. Sappiamo bene che quello strano messaggio fece inalberare Gramsci, persuaso che i compagni gliel' avessero tirata. Ma qualunque sia la congettura, nel testo che qui pubblichiamo Sraffa si premura di aggiungere che malafede non vi fu, confermando ciò che scrisse a Tatiana trentadue anni prima, il 18 settembre 1937: Per me che l' ho letta a mente fredda, è chiaro che s' è trattato d' una leggerezza dello scrivente, ma che non c' era sotto né cattiveria né tantomeno un piano diabolico. Ecco, qui di seguito, la lettera di Sraffa a Spriano. Valeva la pena ripetiamo di costruire su di essa un romanzetto storico-politico?

« Trinity College, Cambridge 18-12-69

Caro Spriano, ricevo la sua lettera, e a suo tempo ho avuto il suo secondo volume di cui le sono molto grato. Rispondo per quel che posso alle sue domande. Il P. dell' aprile 1937 sono certo io (qualche volta per Piero, qualche altra per professore) e mi ricordo con certezza che, una delle ultime volte che lo visitai alla Quisisana a Roma, Gramsci mi chiese di trasmettere la sua raccomandazione che si adottasse la parola d' ordine dell' Assemblea Costituente; e questo riferii a Parigi, non ricordo se a Grieco o a Donini più probabilmente al primo.

Del progetto di Berti di mandare a Gramsci un medico di fiducia da Parigi non ho mai sentito parlare. L' idea poteva solo esser basata su un' errata conoscenza delle circostanze: il medico di Gramsci (Puccinelli mi pare) era scelto da Tatiana e avrebbe potuto cambiarlo: senza chiederne il permesso, e lo stesso per un eventuale consulto (parlo del periodo alla Quisisana). Il cenno di Grieco a non smuovere le acque non dubito sia da interpretare come lei dice, di evitare campagne di stampa. Ma quello che riferisce dello stesso Grieco che si trattasse di evitare di irritare Gramsci o che fossero sue ubbie questo mi ha fatto andare su tutte le furie come a quei tempi! Il fatto è che ci sono stati due disastri di prim' ordine dovuti a pubblicità intempestiva dei dirigenti di Parigi. Non pensavo allora, come non penso adesso, che ci fosse malafede, ma solo la irresistibile tentazione che la pubblicità costituisce per giornalisti e agitatori (lo è anche per gli storici; ma la prego di considerare questo paragrafo della mia lettera come riservato).

Sarò a Roma al solito albergo per pochi giorni tra il 6 e 10 gennaio.

Cordialmente suo Piero Sraffa


http://ricerca.repubblica.it/repubblica/archivio/repubblica/1990/11/17/anatema-il-pci-censura-gramsci.html

divendres, 3 de juny del 2011

Exportar la libertad por Luciano Canfora

Por Joan Tafalla

En su libro Exportar la libertad[1], publicado en 2007, Canfora analiza un fenómeno producido en ambos campos de la guerra fría del siglo XX: la exportación de la libertad o de la revolución según el lado de la guerra fría del que se tratase. La conclusión no puede ser más drástica: el fracaso de ésta exportación. Según Canfora, ningún intento de exportar la revolución y de imponer un régimen democrático, popular o comunista ha triunfado debido a que: “Los hechos... evidencian que el programa de “exportación” de idealismos y modelos políticos ( “libertad”, “democracia”, “socialismo”, etc.) “enmascara” en realidad exigencias de “potencia”[2].

A mi modo de ver ese reiterado fracaso se debe a dos razones: de un lado, a que la propia exportación armada de la revolución, de la democracia o de la libertad es contraria a los principios proclamados y obedece solamente a un interés geopolítico, y, por otra parte, porque ningún proceso democrático, popular o revolucionario puede consolidarse si no es un proceso endógeno, producido por la experiencia y la necesidad sentida por el pueblo de que se trate. Me parece que este aforismo sirve tanto para los intentos de exportación de la revolución que hemos vivido en el siglo XX ( sea por parte de la URSS o China), como para los intentos USA de reafirmar su hegemonía mundial usando una retórica “democrática” que se aviene poco con la práctica real de las dictaduras satélites de los USA que sirvieron para consolidar el autodenominado “mundo Libre”, durante la guerra fría[3].

Siguiendo a Canfora y centrándonos en el lado revolucionario, podemos concluir que la experiencia del entero siglo XX ha mostrado que cuando una revolución considera necesaria su exportación, da sus primeros pasos hacia el fracaso. Una experiencia, que empezó a manifestarse muy pronto en la contemporaneidad con la política de guerra de conquista de la Convención thermidoriana o del Directorio. Y que ya había sido advertida por Robespierre cuando el dilema guerra-revolución se planteaba por primera vez, a finales de 1791 e inicios de 1792, ante la revolución francesa. En su discurso de 2 de enero de 1792 podemos leer: “La idea más extravagante que pueda nacer en la cabeza de un político es creer que es suficiente que un pueblo entre a mano armada en un pueblo extranjero para hacerle adoptar sus leyes y su constitución. Nadie quiere a los profetas armados”[4]. La conversión de la guerra por la liberación de los pueblos en guerra de conquista por parte de la Convención girondina y la Convención thermidoriana y el Directorio fue en realidad una política imperialista so capa de revolucionaria, que llegó a su momento culminante con Napoleón[5].

Siguiendo en esa línea, y aplicándola al jacobinismo italiano, Canfora examina, la paradigmática experiencia de la república partenopea ( 1799) o al ejemplo paradigmático de Ugo Fóscolo y de sus replanteamientos ante Napoleón desde el elogio ditirámbico, a la decepción tras el tratado de Campoformio ( 1797) y a la resignación ante el cesarismo sobre la base de su carácter más o menos progresivo “a pesar de todo”. El problema histórico planteado es de gran calibre: la reacción popular contra el “libertador de los pueblos” en España (1808-1814), Rusia (1812) o Alemania ( 1813). Iluminante de nuevo la frase de Canfora: “No cabe excluir que Bonaparte continuara viéndose a sí mismo como tal [liberador, j.t.]. Pero cuando el egoísmo de una gran potencia se convence de que su propio interés es también general, no se da cuenta de que, en ese proceso se está desnaturalizando sin remedio, lo que significa que ha perdido la partida, no importa en cuanto tiempo”[6].

El diagnóstico de Canfora es claro: “Ante la evolución concreta de la política de conquista de los “liberadores”, el jacobinismo europeo fue atraído a una trampa de la que salió irrevocablemente marcado. Pero, a pesar de ello, nos ha dejado un legado de ideas y críticas, precisamente en la medida en que se vio obligado por las inclemencias de la historia a superarse a sí mismo, a trascender sus dimensiones originales y sus perspectivas iniciales.

Esa superación se produjo entre el fuego cruzado de las dos experiencias que sufrió durante esos pocos años. Y que son, por una parte, el deterioro de la relación con los “liberadores” y, por otra, la mortífera vinculación ( que para la República Partenopea fue sin duda letal) entre la reacción “popular” y el Ancien Régime. Una vinculación que impone a todos los jacobinos ( de todas las épocas, diría yo) la pregunta autocrítica por excelencia, siempre abierta: ¿En que nos equivocamos?”[7].

Comentando la situación creada tras Waterloo, dice Canfora: “Para salir de una derrota tan profunda que marcó una época fueron necesarios decenios y múltiples factores: ideas radicalmente nuevas, el nuevo protagonismo de unas clases sociales apenas emergentes, la crisis de la solución liberal moderada, una alternativa desvaída y condenada a la derrota ante la solidez, valerosa aunque contraproducente, de los corifeos de la Santa Alianza. Con todo, subsiste un hilo que une, en algunas biografías y en el replanteamiento de las premisas que el cesarismo bonapartista hizo desvanecer rápidamente, a los “viejos” supervivientes con los “nuevos” revolucionarios”[8]. Lo que inevitablemente trae a mi memoria la idea del viejo Luckacs: “Tenemos que tener conciencia clara de que se trata de un nuevo comienzo o- si se me permite la analogía- de que no nos encontramos ahora en los años veitne del siglo XX, sino en cierto modo en los comienzos del siglo XIX, tras la revolución francesa, cuando comenzaba a formarse lentamente el movimiento obrero”[9]

Exportar la libertad muestra la impresionante capacidad de Canfora para inducir tendencias históricas manejando con suma solvencia hechos tan lejanos los unos de los otros como los ya mencionados u otros como pueden ser: la intervención de Luis Napoleón ( aún presidente de la segunda república) en defensa del Papa Pío IX contra la república romana de Mazzini y Garibaldi en 1849; la utilización de la consigna de la “libertad de los griegos” alternativamente por parte de Esparta y Atenas durante la guerra del Peloponeso ( 431-404 a.c.), durante las guerras médicas ( 478 a.c.); en la guerra de Atenas contra Samos ( 441-440 a.c.); o el rol de esa misma consigna de la libertad para los griegos en el juego geopolítico entre Inglaterra, el imperio austro-húngaro, Francia y el imperio otomano durante el siglo XIX en los Balcanes o, la no intervención de las potencias democráticas a favor de la república y contra el franquismo tanto durante la guerra civil española, así como al final de la segunda guerra mundial. Canfora examina en esa misma clave la historia de la URSS y de los países del Este de Europa entre 1945 y 1991, entendida como “... la historia de la gestión, la crisis y la dilapidación del capital de prestigio obtenida por “haber llevado la libertad” a Europa”[10]. Clarificadora la analogía que establece entre revolución húngara de 1956, y la represión ateniense ante la insurrección de Samos frente Atenas (440 a.c.).

Capítulo importaante y muy apreciado por mí ( quienes me conocen sabrán por qué) es el capítulo La libertad para los afganos[11] que dedica al “gran juego” que durante el siglo XIX, enfrentó a Rusia y Inglaterra por el control de Afganistán, el vientre de Asia. Un “gran juego” que prosiguió durante toda la guerra fría y que tras la caída de la URSS sigue bajo el argumento “llevar la libertad a Afganistán”.

Tras el 11 de septiembre de 2001 la palabra “terrorismo” se ha enseñoreado de las crónicas, Canfora señala como esa palabra se ha transformado, en el discurso vigente, en sinónima de fundamentalismo religioso. “El mundo islámico dispone de un elemento de movilización que se ha vuelto irresistible: el fanatismo religioso o, mejor dicho, el aglutinante religioso como alimento dela oposición y resistencia a Occidente”[12]. La preponderancia del fanatismo religioso en los países musulmanes es consecuencia directa de la política USA desarrollada durante la guerra fría de: “... hacer fracasar como fuera la difusión del “modelo soviético” en el mundo árabe-islámico, de impedir su expansión más allá de las fronteras de la actualmente laicizada “Asia soviética”[13].

Canfora considera la guerra y saqueo de Irak, de 2003 como uno de los últimos capítulos de esa misma historia de exportación de los modelos autodenominados “democráticos” occidentales utilizada como discurso retórico que encubre la lucha geopolítica por el dominio del petróleo. Es de suponer que Canfora extendería su análisis a las revoluciones del norte de África de haber escrito su libro en 2011. Particularmente interesante sería conocer la valoración canforiana de la situación de Líbia.

El libro pone de manifiesto una constante de la obra de Canfora cuando analiza hechos de la contemporaneidad: la búsqueda de realidades de la antigüedad parangonables a los analizados. Me parece claro que no debe abusar de las analogías y de la historia comparativa comporta el riego de caer en la simplificación o en el lugar común del “nada nuevo bajo el sol”. Sin embargo cuando la historia comparativa y la acumulación de analogías se realiza por parte de autor con obra tan sólida y con un conocimiento exhaustivo de los hechos tanto de la antigüedad como de la contemporaneidad sus observaciones y reflexiones no pueden por menos que estimular nuestra reflexión. La idea de las continuidades culturales y de la “longue durée” por encima ( o por debajo) de las rupturas revolucionarias parece estar presente en la obra de Canfora, como se ve percibe en algunos apartados de su libro “La historia falsa”[14]. Particularmente ilustrativa al respecto es la publicación en anexo de dos documentos cuyas continuidades son sumamente reveladoras a pesar de proceder de culturas y de tiempos diferentes: el motu propio de Pio IX de 1949 y la Profecía del Ayatollah Jomeini en su carta a Gorbachov el 1 de enero de 1989.

Canfora concluye su libro del siguiente tenor: “Antaño se dio, y se escribió, que la alternativa al socialismo era “la barbarie”. A lo mejor estamos llegando a este punto”[15]. Diagnóstico, pronóstico o preocupación que comparto plenamente. A los historiadores les está vetado, en el ejercicio de su profesión proponer terapias. Pero cualquier ciudadano que lea este libro quizás sepa deducirlas por su cuenta y riesgo.


[1] CANFORA, Luciano, Exportar la libertad El mito que ha fracasado. Barcelona, Ariel 2007.

[2] CANFORA, Luciano, Exportar..., ob.cit., p. 85.

[3] La Sudáfrica del apartheid, las dictaduras franquista, de los coroneles griegos o salazarista, la fundamentalista Arabia de los Saud, el Irán de Rezha Pazlevi, el Chile de Pinochet, el Taiwán de Chiang Kai-shek, la Corea del Sur de Syng Man Rhee, el golpe de estado y la masacre de campesinos comunistas en Indonesia a cargo de Suharto, el Vietnam de Bao Dai, de Diem o de Ky, las dictaduras chilena y argentina, por citar sólo algunos casos.

[4] El lector dispone de una versión al español del Discurso sobre la guerra, 2 de enero de 1792 en Robespierre, Maximilien, Por la felicidad y por la libertad. Discursos. Antología preparada por Yannick Bosc, Florence Gauthier y Sophie Wachnich, traducción al español de Joan Tafalla, Barcelona, El Viejo Topo, 2005. Se pueden encontrar los diversos discursos de Robespierre al respecto en Oeuvres, Tome VIII, Paris, Édition du Centenaire de la Société des études robespierristes, Les éditions du Miraval, 2007, pp. 31-153. Aunque se trata de un viejo libro se puede encontrar un excelente análisis de la actitud de Robespierre ante la guerra en MICHON, Georges, Robespierre et la guerre révolutionnaire, Paris, Marcel Rivière, 1937.

[5] Sobre este tema, BELISSA, Marc, fraternité universelle et intérêt nationale (1713-1795). Les cosmopolitiques du droit des gens, Préface Domenico Losurdo, Paris, Kimé, 1998.

[6] CANFORA, ob.cit., p. 28-29

[7] CANFORA, Luciano, ob.cit., p 36.

[8] CANFORA, Luciano, Exportar..., ob.cit., pp. 25-26.

[9] Luckacs, Georg, Conversaciones con Holz, Kofler y Abendroth, Madrid, Alianza Editorial, 1971, p. 82.

[10] CANFORA, ob.cit., p. 39.

[11] CANFORA, ob.cit., pp. 53-70.

[12] Ob.cit., p. 88.

[13] Loc.cit.

[14] CANFORA, Luciano, La storia falsa, Milano, Rizzoli, 2008. Una traducción al español de inminente aparición el Editorial Capitán Swing.

[15] Ob.cit., p. 90.